sábado, 21 de marzo de 2015

El paseo





        Llega el ocaso de la tarde, voy a salir a pasear. Necesito sacarme de encima lo cotidiano, lo de todos los días, las mismas faenas reiterativas, que a veces las haces con desgana, desidia y aburrimiento.

        Me preparo para andar. Me pongo el chándal y las zapatillas, atuendo que generalmente todos llevamos para hacer deporte. Llamo a mi hija y salimos presurosas, con el ánimo dispuesto para darlo todo. Nos acoplamos una al paso de la otra, procurando no entorpecernos en el andar, pues a veces, charlamos con vehemencia y euforia, y eso hace que pierdas el ritmo y te descontroles mientras caminas, y tropiezas.

 Muchos días me siento predispuesta a poner mis cinco sentidos en todo lo que la vida me ofrece, como ver los almendros en flor, tan bonitos en esta estación como es la primavera. Dejarse endulzar la vista por el colorido de la naturaleza. Sentarte en la orilla del camino, en la hierba descalzarte, mirar el azul del cielo, que nunca antes lo habías visto tan intenso. Abrir tus pulmones y dejar que el aire traspase todos los poros de tu piel. Contemplar a los niños jugando por el parque, con sus risas ingenuas y su mirada limpia. Y relajarme en la penumbra de la tarde, dejando volar mis pensamientos. Y que cada uno de ellos vaya a su destino, es como si una nueva energía te hiciera sentir más viva y receptora a todo lo venidero.

        Me satisface ver como un simple paseo, es capaz de hacerte reflexionar y disfrutar de las maravillas que te ofrece la vida.


Blanca

sábado, 14 de marzo de 2015

Invéntame 5315





Ella es un enigma. He investigado  con mucho sigilo las andanzas sinuosas de esta dueña del tiempo y del  espacio. Parece inmutable. Y he descubierto  que vive rodeada de incesantes vaguedades, lo que me ha hecho pensar mal  con  manifiesta avidez. Se  está guareciendo, su tapadera vegetariana es una manera perfecta de bordear el camuflaje al lapso de su tiempo.
 
No puede postergar su repudio por los jerarcas, y la suelo pensar con la clara y mala intención de servir al integrismo islámico. Estoy segura. Se dedica a chatear y engatusar a chicas/os, que desilusionados, con o sin trabajo, son fáciles de convencer entre las evocadoras promesas que ella  propone con gran denuedo: la gloria de aspirar a una vida mejor entre los suyos, conseguir el cielo  de Alá lleno de huríes o convertirse en héroes para siempre en la historia de su país, así, como la promesa de prosperidad de sus padres y familiares. Ellos mismos se ven como los salvadores de la sharía gloriosa del Estado Islámico.

Pensar en la maldad que encierra esa apariencia de mujer sencilla con un fervor especial por la agricultura. Me tuve que poner en su lugar y pensé, si a mí me encanta chatear, Twitter… Y Ella viviendo sola… y buscado, encontré su rastro: la muy malvada mujer posee un Master en ingeniería electrónica concedido en Silicón Valley con un enlace especial, un servidor privado de correo, únicamente para su fatal función. Esa fue la comunicación directa del pentágono.  En la zona chatea como lo que aparenta, una blogrera superficial y con poca maña, donde vende sus mermeladas y hortalizas.

  Atención, atención… la malvada mujer ha desaparecido desde hace una semana.  Cuidado si alguien la encuentra, que lo comunique de inmediato. El mundo corre peligro.


QUIRÓN            

miércoles, 11 de marzo de 2015

La toalla





El autocar me dejó en la mismísima playa. Eché a correr como un poseso. Me fui descalzando y quitándome la camiseta a trompicones. La arena quemaba las plantas de mis pies, pero no me importaba. Saqué con prisas la toalla de baño, las cremas, las zapatillas y las gafas de sol y las coloqué desordenadamente en un pedacito de arena libre que quedaba a la orilla del mar. Llevaba puesto ya el bañador por lo que nada me impidió salir corriendo y tirarme sobre la primera ola que rompía al borde de la playa. Qué sensación el primer baño de mar ese verano. Nadé como si me persiguiera un tiburón, saboreando el regusto a salado y la sensación de picor del sol al calentar las gotas de mar en mi espalda.

Gocé como un niño pequeño en su hora de baño. Hice cabriolas, atravesé por debajo las olas, me mecieron las mismas haciendo el muerto. Al cabo de un buen rato de desfogar mis ansias de baño, busqué con la mirada el borde de la playa para tratar de descubrir dónde había dejado mi toalla. No había fijado ninguna referencia antes de meterme en el agua por lo que desde lejos no descubrí mis pertenencias. Bueno, era cuestión de salir del agua y recorrer bien a derecha o a izquierda el borde hasta localizar mi toalla, con sus dibujos en verde y marrón. Cuando ya hice pie fui caminando en vez de nadar. A los pocos pasos noté algo que me rozaba en la ingle. Algo meloso y suave. Bajé la vista y apenas pude descubrir una especie de seta grande, transparente, que se desplazaba hacia un lado. Una medusa. Sólo de pensarlo ya me picaba la zona que había tenido contacto con ella. Me apresuré a salir y miré a ambos lados. Nada. No se veía mi toalla por ningún sitio. La marea me habría desplazado sin darme cuenta. Comencé a caminar hacia donde mi intuición me llevó. La picazón iba en aumento pero evitaba rascarme, debido a lo delicado de la zona.

Qué alivio. Por fin descubrí mi toalla. Al parecer habían puesto otra pegada a la mía y habían plantado una sombrilla en medio. Qué bien. Me senté en ella, alargué la mano y cogí el tubo de la crema sin mirar. Lo destapé, unté una buena porción en el dedo y, tapándome con parte de la toalla, me froté la parte picajosa, notando en principio un cierto alivio. Cómo el bañador me rozaba bastante donde me picaba, decidí quitármelo, enrollando la toalla a mi cintura. Decidí irme a buscar el apartamento que tenía contratado. Al echar a andar divisé a dos espléndidas jóvenes que venían corriendo hacia mí, haciendo aspavientos con los brazos. Intrigado, esperé a que llegaran a mi altura. La primera que llegó, trató de quitarme la toalla enrollada en mi cuerpo, al tiempo que vociferaba como una loca que era suya. Forcejeamos y en el tira y afloja, me quedé como Dios me trajo al mundo. No se cómo, conseguí convencerla para que me dejara la toalla mientras aclarábamos el tema.

Quedó claro el malentendido y fuimos los tres por la playa hasta que encontramos mi toalla. Hasta última hora no me acordé de la crema que me había dado y al comentarlo, entre risas, me dijeron que el tubo contenía una crema colorante para teñir de rubio el pelo. No quise ni pensar, cuando volviera a mi casa, qué explicación creíble contaría para justificar el nuevo color de mi vello púbico. No obstante, tengo que decir, que la joven de la toalla se ofreció amablemente para facilitarme un producto que me aliviaría los picores. Esa tarde pasé por su apartamento a recogerlo. Se me hicieron cortísimos los quince días de playa y sol que disfruté ese verano.


Rabo de lagartija

Dos por uno





            Durante la semana estamos deseando que llegue el fin de semana para tomarnos un pequeño descanso. Nos levantamos más tarde, no estamos pendientes del despertador y nos proponemos que la mañana del domingo sea tranquila  y sin las prisas de los días de diario.

            Después del desayuno bajamos a comprar el pan y el periódico para echarle una ojeada. En fin que nos sentimos relajados aunque sea por un tiempo. En este estado de relax me encontraba, cuando recordé que le había dicho a mi mujer que tenía que ir al lavar el coche. Me puse el chándal y decidido, me dirigí hasta la puerta de la calle. Antes de salir me asomé a la cocina donde mi mujer preparaba la comida y le dije: “me voy a la estación de servicio”, a lo que ella me contestó que no me retrasara mucho, pues estaba preparando la comida para cuando llegaran los chicos, que no  tardarían. Ya en la calle me encaminé hasta donde estaba el coche aparcado. Le miré, allí estaba él lleno de polvo, en los cristales unas manchas que no se sabía su naturaleza. Por un momento me invadió un sentimiento de culpabilidad por mi abandono, y dándole una palmadita le dije: “te voy a dejar como nuevo”.

            Con este ánimo me encaminé hasta la gasolinera. Cuando llegué, comprobé que había bastantes coches esperando a ser lavados. Esperé mi turno, y cuando éste me llegó,  situé el coche en el túnel de lavado con las ventanillas  y puertas cerradas.

            Y comenzó el lavado. Desde el interior del coche podía ver caer el detergente y el agua sobre él, al tiempo que unos rodillos de finísimas tiras empezaban a girar a su paso. Desde el interior yo seguía todo el proceso de lavado. De pronto todo el mecanismo dentro del túnel se interrumpió. El tiempo pasaba y la maquinaria seguía sin moverse, lo que me hizo pensar en una avería. Esperé a que el encargado me informara de lo sucedido y, como nadie acudía en mi ayuda, decidí salir del coche. No hice nada más que salir del vehículo para dirigirme a la salida, cuando la maquinaría se puso de nuevo en funcionamiento. En ese momento sentí como caía sobre mí la cascada de agua, acompañada del detergente. Los cepillos me rodearon como si fueran enormes manos y sus finísimos hilos se me antojaron como si fueran miles de dedos, que flotaban mi cuerpo con enérgicos manotazos, al tiempo que el agua comenzó de nuevo a caer sobre mí.

            No sé el tiempo que duró el lavado.  Cansado y resignado me deje caer sobre el capó del coche mientras los raíles seguían rotando sacándonos hasta el exterior, dando así por finalizado el lavado.

            El servicio había sido completo. Mi coche y yo habíamos sido lavados: DOS POR UNO.


IRIS

Plegarias al viento





                        Vacilante, dudoso, ausente,
                        como perdido en la oscuridad,
                        sin ideas, sin valor ni fuerzas,
                        lelo, como el eco ausente de la soledad.

                        Caminar con el paso vacilante,
                        sin tener un rumbo cierto,
                        sin pensar donde se pisa,
                        sin lograr un camino que esté abierto.

                        Era en la mañana un sol radiante,
                        y a mis ojos, todo estaba muy nublado,
                        mis sentidos no veían a dos pasos,
                        caminaba y caminaba, pero no hallaba el poblado.

                        En la mente se hacen nubes de colores,
                        y también se hacen historias repugnantes,
                        unas veces se evaporan como el humo,
                        y otras veces permanecen más constantes.

                        Si guardamos los temores y las dudas,
                        y amasamos los desvelos y dolores,
                        acabamos pareciéndonos a Judas,
                        y no vemos una vida de colores.


Trotamundos

Prisioneros del vil metal





                            ¡Pobres seres!, que viven día a día
                            pensando solamente en el dinero.
                            Carentes de valores, pordioseros,
                            ven en la ostentación su fiel amiga.

                            Es su patria y su ley la vil moneda.
                            Ver su cuenta corriente es un orgasmo.
                            Ganancias hábilmente van sumando,
                            no importa de qué forma ni manera.

                            ¡Me repugna y me hiere su ceguera!
                            No saben de bondades ni altruismo.
                            Triunfar en trapicheo y egoísmo,
                            es su filosofía verdadera.

                            No valoran amigos ni familia.
                            Su amante más valioso es el dinero.
                            Lo cuentan cada día con esmero,
                            lo adoran, lo idolatran, lo acarician.

                            ¡Qué lastima me das hombre de piedra!
                            Tu alma desierta es un jardín sin flores.
                            Huerto yermo, sediento de valores,
                            y trepa tu ambición como la hiedra.

                            ¡Qué lástima me das hombre de paja!
                            Tu religión, es la banal riqueza.
                            Mientras tu alma se ahoga en la pobreza,
                            adornarás con oro tu mortaja.

Luna

Consumismo





                   Consumir por consumir
                   es el lema cotidiano,
                   sin pensar que hay muchos seres
                   que se mueren a diario-

                   Andamos tan ciegos siempre,
                   que no conseguimos ver
                   la tristeza de la gente,
                   en este mundo cruel.

                   Sé que está muy repetido,
                   y por repetido que esté,
                   necesitamos oírlo,
                   para entenderlo muy bien.

                   Tenemos el corazón cerrado
                   a quien necesita creer,
                   y si ayudamos un poco,
                   la ilusión puede volver.

                   Si con un pequeño esfuerzo
                   lográramos entender,
                   que en nuestras manos tenemos
                   el poder retroceder.

                   Y girar la bola del mundo,
                   y girando hacerla parar
                   en un mundo más solidario,
                   y allí poder aparcar.

                   Igual es un sueño bonito,
                   del que n o quiero despertar,
                   porque cuando abra los ojos,
                   todo volverá a ser igual.

                   Pensando al mismo tiempo
                   que con tanto consumir,
                   ¿encontramos lo que buscamos
                   y somos felices al fin?

Blanca