sábado, 27 de mayo de 2017

Lo que vale una teta





            Hace muchos, muchos años, que mi abuelo decía que le habían contado que en un pueblo, en una mesa del bar, dos hombres tenían una porfía sobre la política y una marrana, y un tercero hizo su aparición para opinar, y es ahí donde empezó la discusión.

                 Uno decía que una marrana se tumba para que los cerdos se pongan a chupar de la teta, como hacen algunas madres desde siempre.

            Otro puntualizó que en ocasiones, hay más cerditos que tetas y el que no encuentra una para chupar, no para de gruñir hasta que le quita el puesto al que está chupando.

            El tercero en cuestión, quiso poner su granito de arena y, con un don  de sabiduría, opinó que eso no es comparativo, pues no se puede comparar una animal con la política.

                    La discusión fue tal, que en el bar, unos se reían, algunos lloraban de la risa y otros decían que no era justa la comparación. Total, que cada cual piensa lo que le parece más apropiado, y eso, no hay quien se lo pueda quitar a nadie de la cabeza.


Trotamundos

miércoles, 17 de mayo de 2017

Agarrados de la mano





Agarrados de la mano
afrontamos el futuro,
el presente, el pasado,
las luces y el claroscuro.

Elegimos el camino
y la simiente sembramos,
soñamos nuestro destino,
agarrados de la mano.

Las penas, las alegrías,
el invierno y el verano,
han llegado a nuestras vidas,
agarrados de la mano.

El trabajo, vacaciones,
bautizos y cumpleaños,
nos llenaron de ilusiones,
agarrados de la mano.

Al transcurrir de los tiempos,.
cuando los hijos volaron,
afianzamos los cimientos,
agarrados de la mano.

Cuando el tiempo se termine
para bien y para malo,
que la eternidad nos pille,
agarrados de la mano.



Rabo de lagartija

Mi madre se llamaba (Acróstico)






Fortaleza humana, que la vida nos dio.

Riqueza de espíritu sencillo y generoso.

Amaneces, iluminando tu entorno.

Noto tu debilidad como una llaga.

Cierta nostalgia anhela tus risas.

Invades a hurtadillas mi desconsuelo.

Sujeta por invisibles hilos de valor y energía.

Cobijo y consuelo hechicero de todos.

Arduo camino maduró tu ocaso.



Faz apacible de risueña humanidad.

Aliento que cubre nuestros desvelos.

Riada del tiempo abonando tu tierra.

Rebosando todos los bordes.

Unidad, como un soplo invisible que te sale.

Cruel imperio del alma, que no calma tus heridas.

Andas, sobre el aliento de mi vida.



Y esa nobleza, transluce tu cansado rostro.



Pesares, enriquecen tu historia.

Acodas nerviosa la esperanza.

Contertulia de la vida, en tu largo caminar.

Aire que limpia nuestras vidas de dolor.



Quirón

La ventanilla





            Había llegado el día en que emprendería el viaje para aprovechar unos días de vacaciones. La tarde anterior, mientras hacia el equipaje, pensaba en lo difícil que resulta a veces decidir lo que necesitas llevar, sobre todo cuando viajas a otro país, donde la meteorología es muy diferente al lugar donde resides. Terminada al fin dicha tarea, cerré la maleta con llave  y la trasladé  hasta el pasillo de entrada, donde   dormiría hasta el día siguiente.

            Por la mañana  tras comprobar que grifos y ventanas quedaban perfectamente  cerrados, salí de la casa con dirección al aeropuerto. Una vez en él y tras facturar el equipaje me dirigí hasta la puerta de embarque.  Siempre que viajo en este medio de transporte pido que el asiento esté junto a la ventanilla. Una vez que el aparato emprende el vuelo y se eleva, a través de ella veo cómo va tomando altura y todo abajo se empequeñece. Las demarcaciones de la  tierra se convierten en un mosaico de colores y las casas en pequeños puntos.  Los ríos vistos desde las alturas parecen caminos plateados. El agua del mar tomando un color verdoso deja ver en sus profundidades sombras de las montañas sepultadas por ellas y en las cumbres de las montañas restos de nieve que el invierno había dejado atrás.

            Después de un tiempo de mirar lo que se divisaba desde las alturas, mi vista se detuvo en la línea que divide la nebulosa del cielo azul intenso que se pierde en lo infinito. Tan concentrada estaba yo en lo que veía en el exterior que no había oído a la azafata cuando dirigiéndose a mí me preguntaba qué bebida deseaba tomar para acompañar a la comida que me ofrecía. 

            Cuando terminé de tomar el pequeño piscolabis que me habían dado, me dispuse a seguir mirando al exterior. Ahora lo que mis ojos veían, no eran franjas de  tierra, ni casas, ni  aguas de ríos y de mares, sino nubes como grandes bolas de algodón por su blancura que se mezclaban a su vez con otras donde en su interior se apreciaban manchas grisáceas del agua acumulada en ellas y que amenazaban con descargar en cualquier momento para aligerar su peso.

            El viaje llegaba a su fin. El avión aminoraba su velocidad y descendía para tocar suelo. Por la ventanilla la imagen de las tierras, de las casas, volvía a ser cercana. Cuando el aparato tomó tierra, miré por ultima vez por la ventanilla, diciéndome dentro de mí:  hasta la próxima.



I R I S

Nubes de primavera





                   Ayer lo vi triste.
                   lacio y sediento.
                   Parecía que se secaba,
                   me causó tormento.

                   Y me quitó el sueño
                   pensando en su vida,
                   como niño chico
                   que tiene una herida.

                   Se formó una nube
                   detrás de la sierra,
                   y por unas horas
                   nos regó la tierra.

                   Y regó los campos,
                   y preñó las fuentes,
                   y cantaba el río
                   las fuertes corrientes.

                   Y las ramas verdes
                   de toda la flora,
                   recobraban vida
                   al minuto y hora.

                   Si la lluvia es buena,
                   será bienvenida.
                   Si lleva pedrisco,
                   será maldecida.


Trotamundos

viernes, 5 de mayo de 2017

La gotera





       Llevaba días observando la pequeña mancha que se adivinaba en el techo del cuarto de baño, justo alrededor de la bajada general. Parece que se iba secando. Pudiera ser que coincidiera con los días que llovía. La vigilaría y, en caso de persistir la humedad, daría cuenta a la comunidad de vecinos para que el seguro lo mirase.

       Por fin le habían hecho las radiografías a Laura y el lunes teníamos cita con el traumatólogo para que diagnosticase de donde le provenían los dolores de la rodilla. Hace tres meses, el médico de cabecera le dio cita para el especialista y, aunque las autoridades sanitarias aseguran, por activa y por pasiva, que no existen listas de espera médicas, no había un hueco antes de esta fecha. Le diagnosticó artrosis aguda y la pusieron en la lista de espera quirúrgica, para ponerle una prótesis completa de rodilla.

       Como estamos en verano y no llueve, nos fuimos a quitarnos el calor al pueblo, a la espera de observar a la vuelta del verano si la gotera persistía. Volvimos y parece que se secaba más. Puede haber sido una cosa puntual y no repetirse. Ya veríamos que hacíamos con la pintura del techo.

       A Laura la llamaron al poco de incluirla en lista de espera para que, si quería, en otros hospitales de la comunidad la podrían operar en un mes y así evitar la espera en el hospital que nos correspondía. Sopesamos lo que habíamos oído de vecinos y amigos y llegamos a la conclusión de que no sabíamos como ni quien iba a efectuar la operación, la distancia de nuestro domicilio para ir todos los días al hospital, cómo se iba a realizar la rehabilitación diaria, con ambulancia o taxis hasta su recuperación. Si podríamos pedirla en nuestro hospital o, al no ser operada en el mismo no nos correspondía. Dijimos que no, que esperábamos a que nos tocase en el nuestro.

       Las lluvias tardan este otoño. Alguna pequeña tormenta ha producido una pequeña humedad en la que ya existía y se volvía a secar, dejando distintos cercos amarillos en el techo. Lo comentamos al presidente, que subió hasta el tejado y no encontró ninguna anomalía en el mismo, y que esperáramos a que lloviera bien para observarlo. El seguro, si no hay humedad no abre el techo.

       Hemos ido al hospital para hacer las pruebas del anestesista para la operación. Análisis, radiografía de tórax, electrocardiograma. Esto nos anima, es signo de que pronto la llamarán para operarse. Preguntamos cuanto duran esas pruebas y nos dice que seis meses. Se  nos baja el ánimo.

       Estamos en febrero y por fin llueve. Se llama al seguro, vienen, agujerean el techo y, ¡ahí está la gota, al borde el tubo de bajada! Hay que ver el piso de arriba. Los vecinos no están. Volverá el perito otro día. Pasan las semanas y no se ponen de acuerdo seguro y vecino del piso de arriba. Hemos tapado el agujero del techo con unas bolsas para que no nos caiga suciedad o bichos al ducharnos.

       Ya llevamos siete meses esperando y, un jueves nos llaman al móvil para indicarnos que el domingo tiene que ingresar Laura para operarla el lunes. Todo eran preparaciones, acopio de comidas fáciles para que yo las pueda preparar o calentar. Compramos un neceser grande para la estancia en el hospital. Llega el día, se hacen eternas las horas hasta que la suben a la habitación. La operación había sido satisfactoria y, aunque la rehabilitación era algo dolorosa, quedaría perfectamente de esa rodilla.

       El seguro ya había abierto la bajada del vecino de arriba, habían encontrado la avería y nos había tapado el roto de escayola. Mañana vendría el pintor y quedaría como si nunca hubiera existido ninguna gotera.

       Laura se recupera perfectamente de su pierna. En una revisión rutinaria han visto que la otra rodilla también está para operar y la ponen en lista de espera. Yo miro todos los días el techo del baño, por si acaso.


Rabo de lagartija

La tierra antigua sonríe





Es toda tacto y amabilidad, amor e intensidad,
discreción y fragancia. Las gentes Tenublinas hablan
de sus tierras rojas y de cómo olerla y beberla.
El viñador asume  con naturalidad y esmero la tradición secular  de viñaspre,
Y de los replanos, hondonadas y vaguadas que dibujan un perfil singular.
No hay ruido ni tensión: hay naturalidad y espíritu abierto
 a las  enseñanzas de los mayores.
Estas gentes protagonizan un viaje singular a las raíces del amor
por la tierra que no necesita grandes titulares:
necesita el calor del hogar, una charla amable y alguien
que quiera escuchar cómo esta tierra habla a través de sus caldos.
Es un  pequeño lugar las Paredes, pensado  a la medida del hombre
y de su trabajo con las manos.
el barro y la tierra roja asoman con sutileza, los aromas
profundos de campo: tomillo y orégano.
Sin remilgos pero con un buqué fino y complejo: Violetas y fresas silvestres.
Tiene volumen y energía, corazón e intensidad.
Huele a rebaño  y a sombra alargada de la sierra sobre el terreno,
Sabe  a paz y a  hogaza de pan.
Sensaciones  
Suena a matorral  y a olivo, a piedra arenisca
Y a monte que reciben el mistral
Viento que recoge la esencia y los sabores
de una tierra antigua y sabía y los convierte en amores.

QUIRÓN