miércoles, 7 de junio de 2017

Quise





Quise mirar el mundo con  tus ojos
ilusionados, nuevos,
verdes en el fondo
como la primavera.
Entré en tu cuerpo lleno de esperanza
para admirar tanto prodigio desde
el claro mirador de tus pupilas,
y fuiste tú la que acabaste viendo
el fracaso del mundo con las mías.
Y toco esta mano al fin, que comparte mi vida,
y en ella me confirmo
y tiento cuanto amo.

QUIRON

sábado, 27 de mayo de 2017

Sombras en la oscuridad





           En mi último viaje en metro, bajé las escaleras hacia el interior de la estación y una vez allí tomé la línea correspondiente al lugar donde me dirigía. Una vez en el andén esperé la llegada del tren. No tardó en llegar el convoy y cuando  se detuvo, entre en su interior y me situé cerca de la ventanilla desde donde podía observar el recorrido por el interior del túnel.

         Comenzó el trayecto, la oscuridad y el silencio era roto por el paso de la máquina. Durante el tiempo que duró el recorrido me entretuve en inventarme personajes como lo había hecho en otras ocasiones. Los creía ver escondidos en las grietas que se abrían en las paredes, observando curiosos al gusano metálico que pasaba junto a ellos lleno de seres extraños.

         También me imaginaba a pequeños duendes jugando entre los raíles, saltando alegremente delante del maquinista, retándole a ver quién ganaba la carrera.

         El viaje continuaba su curso. Mi mente seguía recreándose con las imágenes que ella había creado, hasta que de pronto, el sonido del silbato anunciaba la curva y el punto de luz que iba aumentando según nos aproximábamos a ella hizo también que mis personajes se desvanecieran, volviendo de nuevo al mundo de la fantasía.

         Cuando el tren llegó a la estación se detuvo, abrió sus puertas y fuimos descendiendo de él. Una vez en el andén esperé a que éste prosiguiera su camino, luego miré hacía el interior de túnel donde se hacian las sombras y entre ellas me parecía ver a los personajes que me habían acompañado, mirándome con sus brazos ligeramente levantados en un adiós silencioso, entonces les sonreí y con un leve movimiento de mi mano me despedí de ellos hasta un próximo encuentro en el túnel de sombras.

I R I S


Ya se huele el verano.





            El estío se huele en el ambiente, aunque aún estamos en primavera. Las estaciones del año, contenidas entre unas fechas, no coinciden con el clima que la Naturaleza decide enviarnos. Hay muchos factores que intervienen en los cambios climáticos, muchos de ellos alterados por la mano del ser humano.

         El hombre, a pesar de haber salido de la prehistoria hace muchos años, no ha perdido su espíritu trashumante, en busca de los climas más suaves, sobre todo en el verano. Prepara los enseres necesarios y viaja hasta sus lugares favoritos.

         En mi pueblo se pasa mucho calor. Tiene un clima continental y no hay sombras suficientes para resguardar a todos. Lo bueno es que tu cónyuge tenga reminiscencias en un pueblo con un paraje serrano, con abundancia de arboledas y un aire aliviado del calor y donde por las noches se duerme arropado con una manta fina.

         La vida es tranquila, sosegada, donde puedes dar grandes paseos bajo techos de arboledas, donde corre una brisa que refresca tu piel. Hay fuentes donde refrescarse, parques para solaz de niños y mayores. El saludo es obligatorio a toda persona que se cruce en tu camino. La mayoría de los correveidiles, bulos y leyendas, los escuchas en el bar. Las ansias de cultura te las quitas en el Centro Cultural Municipal.

         Qué decir de esas horas muertas después de comer, cuando la calor aprieta y te acomodas en tu sillón favorito, en el salón que aún conserva una pared de piedra de 80 cm. de grosor, que repele la furia del sol. Un buen libro y la cabeza bien apoyada en el respaldo, te trasladan a la mitad de la tarde, Quedas con conocidos, familiares o amigos para juntarte a charlar y tomar un refresco. Cenas y, con el sol ya ocultándose, sales a la calle a pasear por el sendero del colesterol. Eso sí, no se te olvide una chaquetita o un jersey, porque empieza a bajar una brisita de la sierra, que te deja el cuerpo como un reloj. En el camino vas tropezando con zarzas a las que saludas y, sin darte cuenta, te tiras un buen rato charlando. La última parada, en la plaza. Los bancos de piedra aún conservan un poco de calor. Se abre el debate en el que se intenta poner solución a cualquier cosa. En la conversación intentan intervenir los gorjeos de los pájaros que pernoctan en las ramas de los árboles de la plaza.

         Es hora de descansar. Cada mochuelo a su olivo. Mañana será otro día. El trino de los pájaros, el ruido de los obreros municipales que pulen y sacan brillo a la plaza y alrededores, el camión de la basura, el vendedor ambulante que por el megáfono de su camión te ofrece su mercancía, los niños de la guardería alborozados. Todas estas emociones te van despertando suavemente. Arriba, un buen desayuno nos espera y una nueva aventura que nos deparará el día. Buscar nidos de pájaros, caminar entre el arroyo, el ganado pastando en los prados, la montaña sugerente para que te atrevas y subas a explorarla, una riña de gatos. Cuando volvemos a los pastos del invierno, cómo echamos de menos estas aventuras. Qué largo se hace la espera de un nuevo estío.


Rabo de lagartija.

Las alas de Miguel (En recuerdo a los 75 años de su muerte)





          Y sabiendo, que en este momento cuando la corrupción enloda  al Gobierno y a su Partido en una charca inmunda. Cuando Santos Juliá en su artículo dice “la enfermedad senil del socialismo”, puede, al convertirse en facciones ser un gran perjuicio para el PSOE, con consecuencias  catastróficas como lo fue para la República.

               Recurrir a la poesía de aquel joven poeta, al que le costó tan caro  saber decir, y que lo que él decía llegara  a sus enemigos con tanta nitidez. Yo sé, que sigue siendo vigente aquella poesía y que por eso le seguimos recordando y conmemorando sus aniversarios. Te necesitamos Miguel.

            Aquel epígono de la generación del 27,    que fue el gran poeta en la plenitud de su genialidad en la generación del 36,  tuvo la osadía de utilizar las alas para cantar sus poemas a los cuatro vientos, y en todas las vertientes poéticas incluidas las políticas.

            Trataron de cortarle las alas y fue  preso. Murió a los 32 años, pero su obra quedó entre nosotros como una semilla con alas que se esparce y germina y cura el alma lacerada de las gentes que sufrieron la tragedia, después el silencio y más tarde el olvido; además de todos los que hemos tenido el placer de saber de él.

               Hace unos años, al cumplirse el centenario de su nacimiento fue, y sigue siendo sobre todo, un símbolo, un icono de nuestra literatura más universal.

             Un poeta no puede volar sin tres alas: la música, el concepto, y la expresión poética, dijo Pablo Neruda. He copiado un fragmento del poema, “Nanas de la cebolla”, y he buscado esas alas. Porque sus poemas tienen música; porque el concepto está implícito e impreso en cada una de sus palabras; porque su expresión es poética hasta los tuétanos; y te hace sentir hasta ponerte los pelos de punta.  Miguel tiene alas.

Tu risa me hace libre,
Me pone alas.
Soledades me quita
Cárcel me arranca.
Boca que vuela,

Corazón que en tus labios

Relampaguea.
Es tu risa la espada
Más victoriosa.
Vencedor de las flores
Y las alondras.
Rival del sol,
Porvenir de mis huesos
Y de mi amor.

        En cualquiera de los poemas de Miguel Hernández, se encuentran las alas de la poesía. Pero en este fragmento… Se hace tan patente que su cuerpo está encerrado…Como que es su alma libre la que vuela y le dicta estos maravillosos poemas. Poemas de un amor inenarrable… Tan sencillos, tan sentidos, tan tiernos. Como desgarradores y entrañables.

                 Un amor que le hace libre y que le eleva. Pero no libra a su cuerpo de sufrir la falta de libertad, o el rigor de la enfermedad. Tampoco le libera de sentir el deseo de abrazar a su hijo y a su mujer O de poder con ellos comer el pan y cebolla, que no sería otra cosa que la libertad.


QUIRÓN

Lo que vale una teta





            Hace muchos, muchos años, que mi abuelo decía que le habían contado que en un pueblo, en una mesa del bar, dos hombres tenían una porfía sobre la política y una marrana, y un tercero hizo su aparición para opinar, y es ahí donde empezó la discusión.

                 Uno decía que una marrana se tumba para que los cerdos se pongan a chupar de la teta, como hacen algunas madres desde siempre.

            Otro puntualizó que en ocasiones, hay más cerditos que tetas y el que no encuentra una para chupar, no para de gruñir hasta que le quita el puesto al que está chupando.

            El tercero en cuestión, quiso poner su granito de arena y, con un don  de sabiduría, opinó que eso no es comparativo, pues no se puede comparar una animal con la política.

                    La discusión fue tal, que en el bar, unos se reían, algunos lloraban de la risa y otros decían que no era justa la comparación. Total, que cada cual piensa lo que le parece más apropiado, y eso, no hay quien se lo pueda quitar a nadie de la cabeza.


Trotamundos

miércoles, 17 de mayo de 2017

Agarrados de la mano





Agarrados de la mano
afrontamos el futuro,
el presente, el pasado,
las luces y el claroscuro.

Elegimos el camino
y la simiente sembramos,
soñamos nuestro destino,
agarrados de la mano.

Las penas, las alegrías,
el invierno y el verano,
han llegado a nuestras vidas,
agarrados de la mano.

El trabajo, vacaciones,
bautizos y cumpleaños,
nos llenaron de ilusiones,
agarrados de la mano.

Al transcurrir de los tiempos,.
cuando los hijos volaron,
afianzamos los cimientos,
agarrados de la mano.

Cuando el tiempo se termine
para bien y para malo,
que la eternidad nos pille,
agarrados de la mano.



Rabo de lagartija

Mi madre se llamaba (Acróstico)






Fortaleza humana, que la vida nos dio.

Riqueza de espíritu sencillo y generoso.

Amaneces, iluminando tu entorno.

Noto tu debilidad como una llaga.

Cierta nostalgia anhela tus risas.

Invades a hurtadillas mi desconsuelo.

Sujeta por invisibles hilos de valor y energía.

Cobijo y consuelo hechicero de todos.

Arduo camino maduró tu ocaso.



Faz apacible de risueña humanidad.

Aliento que cubre nuestros desvelos.

Riada del tiempo abonando tu tierra.

Rebosando todos los bordes.

Unidad, como un soplo invisible que te sale.

Cruel imperio del alma, que no calma tus heridas.

Andas, sobre el aliento de mi vida.



Y esa nobleza, transluce tu cansado rostro.



Pesares, enriquecen tu historia.

Acodas nerviosa la esperanza.

Contertulia de la vida, en tu largo caminar.

Aire que limpia nuestras vidas de dolor.



Quirón