sábado, 30 de noviembre de 2019

La cárcel que tenemos todos dentro





         Nuestra vida, nuestra existencia, desde pequeños se rige por las normas de una cárcel. Hay un director, que es nuestra conciencia, que te conmina: “Esto no, esto si, esto tal vez, esto más adelante”.

         Actuamos con arreglo a unas normas establecidas para la convivencia del ser humano. Incluso en las dietas, en las horas de ocio. Pero, somos seres humanos y, a veces, tenemos nuestros fallos, relajamos las normas, nos fabricamos a escondidas del director normas nuevas más placenteras. Los guardianes hacen la vista gorda y nos permiten vislumbrar lo que hay fuera de nuestras cuatro paredes.

         Llega un momento en que cumplimos nuestra condena y rompemos las cadenas que nos han tenido atados a lo que nos dictan los demás. Vislumbramos eso que nombran en voz baja, la libertad. Podemos hacer nuestras nuevas normas que se acomoden a nuestro deseo de un futuro de bienestar y de realización de lo que hasta ahora fueron sueños imposibles. Pero, siempre hay que respetar una única regla, o volveremos a la cárcel interior. Nunca podrás dañar las reglas y los sueños de los demás. Vive y deja vivir. Respeta las opiniones ajenas aunque no las compartas. Empatiza con los demás sin dejar de perseguir tus ilusiones.

         Comparte tus ideas y tus sueños y deja que los demás consideren si las aceptan o si no. Escucha las ideas de los demás y quédate con lo que te pueda ayudar a ser mejor o a alcanzar tu estado del bienestar. Tenemos en nuestra mano cinco dedos y cada uno corresponde a una de las normas que deberíamos cumplir: Respeto, firmeza, sinceridad, empatía y amor con todo lo que nos rodea.

         Mirémonos la mano de vez en cuando y recordemos estas normas.


Rabo de lagartija

El sueño de Lucía





Las imágenes pintadas en los lienzos despertaban la imaginación de Lucia, llevándola a investigar hasta lo más íntimo de los personajes reflejados en los mismos.

                        Desde niña, Lucía  había mostrado un carácter despierto y cuando hablaba en las reuniones familiares, contaba historias  que su familia al escucharla les costaba separar lo real de la fantasía. 
       
            Cada tarde al salir del colegio donde daba clases, Lucía se dirigía al Museo donde trabajaba su padre como restaurador de obras de arte. Una vez allí  esperaba a que las puertas se cerraran al público para reunirse con él y hablar  de los trabajos  que este estaba llevando a cabo y que tanto le apasionaban a ella. 
            
            Un día de los que entró en la sala donde su padre se encontraba trabajando,  sus ojos se quedaron mirando fijamente un cuadro en el que el rostro de la mujer pintada le devolvía la mirada. Por unos instantes continuó observando la pintura, la imagen de la  mujer envuelta en transparentes velos de colores, que parecían revolotear como el vuelo de la mariposa queriendo escapar de su encierro. Tan abstraída estaba en su contemplación, que se sobresaltó a oír que la llamaba su padre. Cuando se volvió hacia él quiso saber de dónde había salido aquel cuadro, a lo que él le contestó que lo había encontrado en el sótano, junto a otros cuadros que esperaban para ser restaurados y expuestos en la sala, para una  exposición que estaban preparando.

            Lucía regreso a casa, durante el trayecto recordaba la impresión que la había causado la mujer del lienzo.

            Aquella noche el sueño de Lucía se lleno de imágenes y entre ellas, las del cuadro de la dama misteriosa y de cómo esta tomaba vida y traspasaba el lienzo, rompiendo el cristal que lo protegía y  caminaba lentamente hacia ella, tratando de atraparla con sus manos, mientras ella permanecía inmóvil, sin poder moverse, hipnotizada por el extraño brillo de los ojos fijos en ella y cuando parecía que iba alcanzarla, un estridente golpe sonó a lo lejos.

            Una fuerte ráfaga de viento había cerrado bruscamente la ventana y los cristales desprendiéndose por el golpe caían al suelo rompiéndose en pedazos y con su estallido rescataron a Lucía del extraño sueño.


I R I S

La España vaciada





       Un país no es nada sin personas
         ni por el número de habitantes,
         un pueblo puede ser grande
         si se le hace fuerte y decente.

         Un pueblo libre, traba y vive,
         un pueblo oprimido estará triste,
         estará lleno de odio y rencor
         y la paz y el amor no existe.

         ¿Y cómo aunamos el bienestar?
         Con vergüenza, valentía y corazón,
         sin lucro, sin mentiras, sin odio,
         sin venganza, con trabajo y formación.

         Cuando las mentiras se paguen caras,
         cuando el pueblo sea libre de expresión,
         cuando los saqueos sean penados,
         hallaremos bienestar y comprensión.

         Hoy hablamos de la España vaciada,
         pero cuantos años han estado en horas bajas,
         nadie se ha dado cuenta hasta hoy,
         acaso no se veía la natalidad tan baja.

         Las familias cada día son más cortas,
         las parejas necesitan más apoyos,
         con un sueldo no se llega a fin de mes,
         y los niños no se crían ellos solos.

         Conseguir una vivienda es todo un reto,
         con los sueldos de miseria que tenemos,
         encontrar un puesto fijo es un veto,
         que entre toda la familia no podemos.


Trotamundos

sábado, 23 de noviembre de 2019

A veces te miro





             Siempre que estás ocupada,
             muchas veces yo te observo,
             mi recuerdo me traslada
             a aquella tarde de invierno
             cuando saliste casada.

             En nuestra humilde morada
             tú has sido el lado tierno,
             yo el amado y tu la amada
             en la salud y el enfermo,
             siempre de mí enamorada.

             Por los hijos preocupada,
             por la nuera, por el yerno,
             por los nietos arropada,
             te damos amor eterno
             y no te pedimos nada.

             En la cocina instalada
             con un calor del infierno,
             platos ricos y ensalada,
             arroces, frutas y puerro,
             macarrones y empanada.

             Cada día más cansada,
             se te nota ya en el cuerpo,
             se te nota en la mirada,
             se termina nuestro tiempo,
             tengo tu mano agarrada.
            
            


Rabo de lagartija

coplillas del abuelo





            María no había conocido al abuelo, este había fallecido cuando ella era tan solo un bebé, pero la abuela y su madre le hablaban de él.

            Cuando la abuela le hablaba a la niña del abuelo,  comenzaba contándole que él no había nacido en el pueblo, sino en la capital donde pasó sus primeros años  hasta que sus padres decidieron trasladarse a vivir al pueblo. También le contaba entre sonrisas que el abuelo no había podido hacer el servicio militar por no dar la talla y que tiempo después era de los mozos más altos del pueblo.

            La abuela se detuvo unos instantes para comprobar la atención de la niña y  viendo el gran interés que esta mostraba,  la animaba a seguir contándole  las vivencias  del abuelo. 
                    
            El abuelo, continuaba con su relato  la abuela, sabía leer y escribir, pues había asistido al colegio hasta que sus padres abandonaron la ciudad. Cuando pasaron los años y el trabajo del campo le dejaba libre, se reunía con los viejos en la plaza del pueblo para conversar y contarles las noticias que le llegaban de otros lugares.

            Tras unos segundos de pauta la abuela continuó hablando: Una de las coplillas escritas por el abuelo fue con motivo de la llegada de la luz al pueblo, en ella contaba como todos los vecinos,  incluidos los perros y los gatos no quisieron perderse el extraordinario  acontecimiento.

            Cuando llegó el día y la instalación estuvo terminada,  la luz se hizo en los hogares, sus moradores  apagaron los candiles y velas para dejar paso a la nueva luz  alejando  las sombras.

                                   COPLILLA DEL ABUELO
                                   La villa de Santa María
                                   está muy adelantada
                                   con el alumbrado que han puesto
                                   por las calles y plazas….


I R I S

La vida en ello






A la democracia no se la puede mirar con un encogimiento de  hombros
 porque siempre hay alguien al acecho para dinamitarla. Porque, de pronto, aparece una garra siniestra que sorprenderá y aterrará hasta a los
 más indiferentes, apáticos y displicentes a ella.
La democracia no  es de los políticos, no lo es exclusivamente:
La democracia es  del pueblo. Por lo tanto, por nuestro propio bien y por el de nuestra descendencia, hemos votado. Votamos sí a la democracia, sí a la libertad,
sí a los derechos humanos, si a la  protección de los más necesitados,
de los más débiles ;  Sí a un estado donde solo sufran persecución los asesinos, los malhechores, los  corruptos y los que abusan de otras personas indefensas.
Un Estado sin vetos a la opinión y a la información.
Un Estado que apueste firme por la evolución, por el progreso y por un futuro esperanzador para sus ciudadanos y para sus instituciones.
 Elijamos entre nuestros políticos  candidatos, al que creamos que  mejor puede garantizar los citados ideales. ¡Hemos votado! Votamos
                           como si nos fuera la vida en ello.   

                QUIRÓN

Cómo vivir hoy en día





         Ayer entré en el hormiguero de personas, en el centro de Madrid, y me encontré con una escena que me hizo estremecer.

         Un hombre y una mujer, jóvenes, calculo que entre los 25 y los 30 años, con una niña de unos tres años y un niño que no llegaba a los dos años. Estaban en la puerta del metro, con un cochecito de bebé y una bolsa con pocas cosas. La niña pedía algo y el papá la tomó en sus brazos. Mientras, la madre con el niño en el coche del bebé le conducía para el lugar contrario al que yo me dirigía.

         Cuando vi el atuendo de los padres y los hijos, pensé que estaban buscando un lugar donde pasar la noche, y el alma se me estremeció al pensar donde estarían, con la noche tan fría. Porque sus atuendos no eran los adecuados para una noche extrema de frío.

         Qué triste y penoso tiene que ser verte fuera de tu país, tu pueblo, tus amigos y familiares, buscando una forma de vivir y no encontrarla. El resto de la tarde la pasé pensando en ellos y sobre todo en los niños. Cuando su padre tomó a la niña en brazos, parecía que le quería decir lo que les esperaba en una noche tan gélida.

         Durante la noche pensé tantas cosas, que no hay tiempo para explicarlas. Todo esto me hace preguntar a los gobernantes de todos los pueblos del mundo, si ellos duermen tranquilos todas las noches. Si cuando se sientan a comer, se acuerdan de los millones de seres que les gustaría comerse lo que ellos les sobra. Si los miles de millones que se gastan en las guerras, no les duele al ver que la gente se muere de hambre y frío, los que mueren en el mar buscando una vida que sea eso, vida. Y no se les cae la cara de vergüenza cuando se ver un país destruido y arrasado por las bombas. Parece que la política es algo que no entendemos, que se va de nuestras mentes, que no es algo que el pueblo pueda entender. Y el caso es que luego el pueblo VOTA, y el pueblo se da cuenta que su voto ES UNA MIERDA.


Trotamundos