sábado, 30 de marzo de 2019

Rememorando a Cascorro





            Corría con desesperación agarrando la lata con fuerza. El tiempo era crucial para llegar a tiempo. El camino no era ni recto ni uniforme, por lo que tenía que saltar y esquivar piedras y ramas de árboles. El cansancio se iba apoderando de él dado que llevaba ya un rato esforzándose físicamente. No podía más, se paró y se apoyó en el tronco de un álamo para serenar su respiración. Desde esa posición, observó los alrededores del camino y contempló cómo ascendía la ladera de la montaña, revestida de árboles y vegetación que daban ese tono verdoso al terreno. Según iba elevando la mirada, el paisaje iba cambiando de tonalidad, pasando de los verdes a los ocres terrosos para finalizar con ese blanquiazul que emana de la nieve caída en las cumbres los últimos días.

         El ruido de un pájaro entre las ramas le sacó de su abstracción, miró el reloj y dando un suspiro, retomó la marcha rápida. El camino empezaba a tomar una cierta inclinación de descenso que, por un lado aceleraba su carrera y por otro ponía más en tensión los músculos de sus piernas. En una revuelta del camino empezó a vislumbrar el humo que, presumiblemente, salía de la chimenea de alguna casa. Estaba llegando a su destino y eso le insufló fuerzas renovadas para continuar corriendo. Poco a poco fue tomando forma una población en medio de un valle. Un sonido de agua corriendo le informaba que estaba cerca de algún arroyo que bajaba de la montaña para incorporarse al cauce de algún río. Llegó a las afueras del pueblo y bajó el ritmo de carrera. Se orientó por las señas que le habían dado, pasó por la plaza y enfiló la calle principal hasta las últimas casas donde por fin contempló el cartel de la gasolinera. Miró la hora y se relajó. Todavía quedaban unos minutos antes de que cerraran. Según se fue acercando, escuchó como alguien rasgaba con dedos acostumbrados las cuerdas de una guitarra a la que sacaba sonidos armónicos de una conocida melodía.

         Había ganado la apuesta. Conseguir cinco litros de gasolina antes del anochecer. Buscaría quien le llevara hasta la casa rural que tenían alquilada. La penitencia por ser el novio de la despedida de soltero la había cumplido. Por fin sabría donde le habían traído con engaños esos que se decían sus amigos.

Rabo de lagartija




El vigilante





La vida de Mario había cambiado, vigilaba a su hijo en exceso y no lo podía evitar.
Su vigilancia no tenía limites; vigilaba la ropa que se ponía, lo que  comía, las conversaciones telefónicas con los amigos de su hijo, se dijo a si mismo que esto tenía que cambiar, sabía que podía hacer muchas cosas por él, también sabía que si su hijo se enteraba, se disgustaría.

Habían sido dos años muy duros, de continuo aprendizaje para ambos, padre e hijo estaban más unidos ahora.

Cuando Mario había tomado la decisión de bajar un poco la guardia, su hijo recibió una llamada para desempeñar un nuevo puesto de trabajo. Su hijo estaba radiante, muy contento y alegre. El trabajo le entusiasmaba, lo único malo es que cada mañana debería coger el metro, pero allí estaba Mario dispuesto a madrugar con él y vigilar como  entraba en el metro esperaba el tren, contaba las estaciones, se bajaba, salía a la calle llena de gente y barreras y coches, y por fin subir las escaleras de un edificio moderno.

Mario se dijo que le vigilaría durante una semana y después  confiaría en él, pero su hijo al tercer día le dijo que no hacía falta que fuera, él ya había aprendido, que le dejara intentarlo solo.

Mario preguntó cómo sabía que lo acompañaba en silencio, su hijo le respondió que su olor a colonia y el arrastrar levemente los pies le delataban.

Desde que tuvo el accidente hace ya dos años, que le dejo ciego, se habían acentuado sus otros instintos, el oído y el olfato.

Clave de Sol


Las constelaciones y Morel





Las tormentas que arranca noviembre, la huida de Orión.

Seguida del viento sur, el agitado Austro había aprendido a temer el paso de las Híadas, que arrimadas a la cola del toro anunciaban malos presagios.

Hallo placer ante la rutilante hermosura de Arturo  o descubrir la aparición de los gemelos.
La historia maravillosa de aquella corona que Teseo regaló a Ariadna.

Desesperado por recobrar aquellas sensaciones maravillosas se acurrucaba en un rincón del angosto patio y envuelto en su manta  buscaba su parcela de firmamento para coloquiar con sus  amigas.

En aquel espacio árido brutalmente desnudo, destacaba un planeta desde hacía años, como si intentara una comunicación privada que nadie más debía conocer.

Era un planeta brillante, de luz centelleante arrojando diminutas saetas argentadas, marcando mil caminos con signo positivo.

Su planeta, al aparecer en el ocaso y acompañarle hasta el amanecer, le dictaba mensajes para su vida con Adonis.

            La sensación de felicidad se borraba al volver los ojos al suelo de argamasa, surcado por charcos putrefactos y agujeros que daban salida a ratas gigantes.

De pronto  llegó a un prodigioso vergel. Numerosas plantas exóticas crecían junto al Nilo.

La gloria es caprichosa como meretriz voluble de corcho. Una meditación elemental es navegar a merced del ocaso. El auxilio de los astros regían desde antiguo los destinos del Imperio
.
Al conjuro, las imágenes  idílicas abandonaban la opresiva  muralla de montañas venteadas.


Quirón

El mar o yo ¿quién tiene más fuerza?





            ESTOS DÍAS DE PRIMAVERA QUE EL SOL  ALUMBRA Y HACE LAS MAÑANAS MÁS ALEGRES, HE DECIDIDO BAJAR A VER EL MAR.

            EMPIEZO MI PERIPLO, ¿CÓMO BAJO? , ¿ME PONGO BAÑADOR?, O LO DEJO PARA EL VERANO. EL VESTUARIO ES LO DE MENOS ¡¡ YO QUIERO VER EL MAR!!

            MI CABEZA VA MAS DEPRISA QUE MIS PIES Y VOY PENSANDO COMO ESTARÁ ESE MAR EN PRIMAVERA, DESPUÉS DE PASAR LOS AVATARES DEL  INVIERNO ¿.ESTARÁN LOS BARQUITOS HACIÉNDOLE COMPAÑÍA?, NO CREO QUE EL FUERTE VIENTO LOS HAYA DESPLAZADO  Y  SE HABRÁN IDO A BUSCAR SU REFUGIO.

            ESTOY FRENTE AL MAR, MIS OJOS SE LLENAN DE UNA LLUVIA CRISTALINA QUE RECORRE MI CARA Y LO MAS PROFUNDO DE MI CUERPO, VOY ACERCÁNDOME A  ESE AGUA QUE EN PRIMAVERA ESTÁ BRAVA  ENVUELTA EN CARACOLAS, Y SE DECIDE A SALIR DE SU HAVITAT, ” YO” DEJO POCO A POCO LA PASARELA   QUE ME LLEVA A UNA ARENA QUE ESTÁ HÚMEDA DEL RELENTE DE LA NOCHE.

            Y AHORA EMPIEZO  A VER QUIEN LLEGA ANTES AL ENCUENTRO ¡¡ESTOY ALERTA!! Y CUANDO LAS OLAS HACEN SU VAIVÉN Y RETROCEDEN PARA DENTRO, YO DOY UNOS PASOS ADELANTE.

            ACERCÁNDOME MÁS, ME DOY CUENTA DE LA DIMENSIÓN DE ESE MAR QUE BRILLA EN  TODO SU ESPLENDOR, CONJUGANDO CON TODOS LOS ELEMENTOS, ME GUSTA LA SENSACIÓN QUE VOY SINTIENDO CUANDO VEO TAN CERCA EL ENCUENTRO, MÁS Y MÁS AGUA SE VA ACUMULANDO ALREDEDOR MIO ¡¡ DE PRONTO!! ME DOY CUENTA QUE MI CUERPO CON NUEVAS SENSACIONES SE ALTERA,  Y EL MAR SE ESTÁ RIENDO CON LA BOCA LLENA DE ESPUMA. Y SE HA PUESTO UN POCO GALANTE CONMIGO

            LA MAÑANA HA SIDO PARA MÍ INDESCRIPTIBLE, EL MAR Y YO NOS HEMOS MEDIDO LAS FUERZAS, Y LLEGADOS A ESTE PUNTO, NOS DAMOS CUENTA QUE  EL MAR NO ES  TAN BRAVO COMO PARECE, Y  LOS DOS ESTAMOS DISPUESTOS A PASAR UN BUEN RATO JUNTOS.

            YA NO TENGO REMEDIO !! ME BAÑO!! ME LO ESTA PIDIENDO EL MAR!!


VIRPANA

El día del padre





            Ayer fue San José, sólo eso, en la mayoría de los pueblos de España. Fue un día normal y de trabajo.

            No hace muchos años era fiesta nacional, que servía para la unión de la familia, hacer una comida entre hermanos y familiares y estrechar lazos, al mismo tiempo que se borraban rencillas.

            Digo yo, ¿este año tampoco se celebrará el día de la madre? Ya que de hacerlo, los hombres serían discriminados por parte de todos.

            La idea de suprimir el día del padre, no se a que mente se le ocurriría, ni cual sería la razón, pero a mí no me parece acertada desde ningún punto de vista.

            Puede que, no tardando mucho, los padres ya no existan, ¿para qué los queremos? El avance de la ciencia trae esas cosas, y algún día los hombres no comprarán perfumes a sus esposas, ni les darán un beso, hasta puede que no se casen y no tengan relaciones amorosas, y como consecuencia, la familia desaparecerá, aunque en algunos países aún nacen muchos niños.

            Esto no quiere decir que se acabe el mundo en un principio, pero llegará y no tardando mucho, que los hermanos sólo conozcan a sus madres, como en la edad de piedra. Porque los matrimonios se rompen como el papel de fumar, y sospecho que algún día las relaciones serán algo espontáneas, algo así como un hola y adiós.

            El caso es que la vida está dando una vuelta de tuerca muy importante y que la familia cada vez es más corta y está más distante, y las relaciones se rompen con mucha facilidad, porque la juventud todo lo puede. Pero no siempre se e4s joven y los años no perdonan, y la soledad y el abandono, la falta de cariño y relaciones de amistad y familiares, nos hacen perder el norte.

Trotamundos

sábado, 23 de marzo de 2019

Después de caer hay que levantanrse





            Tenía todo el día para disfrutar de la vida que él quería vivir. Se había desplazado hasta su casa alquilada en el campo. Tenía a su alrededor árboles, prados, montañas, senderos, naturaleza en estado puro. A mano encontraba aperos para el campo, artes de pesca y caza, prismáticos para observar las nidadas de aves. Se había despojado de rutinas, ruidos innecesarios, problemas, nervios, estrés, conversaciones vacías, compañías tóxicas. Eran únicamente suyas las próximas horas.

        Desde que falleció su querida Emilia su vida cambió. Todas las expectativas, sueños y proyectos desaparecieron con ella. Se encontraba en la tesitura de encontrar alternativas que pudieran llenar y dar sentido a su vida. Evitaba los contactos sociales porque le recordaban constantemente la pérdida de su esposa. No encontraba consuelo en los actos sociales. La soledad le había desahuciado la alegría que antes sentía. Sus insomnios no encontraban motivos válidos para reconstruir una nueva vida.

        Un anuncio en la puerta de la panadería le llamó la atención. “Se alquila casa de campo totalmente equipada, alejada del mundanal ruido, rodeada de naturaleza”. Quizá necesitase un retiro para meditar qué es lo quería hacer con su vida. Llamó al teléfono que indicaba el anuncio y quedó con el dueño para visitarlo. Antes de llegar a la casa, viajando por caminos poco transitados, donde únicamente La Naturaleza pintaba los paisajes, su espíritu se iba llenando de serenidad. La casa era una construcción sobria, sin ostentaciones y estaba para ocuparla de inmediato. Pasearon por los alrededores,  el dueño le proporcionó un plano de la zona donde se indicaban los pueblos más cercanos donde comprar lo necesario. La leñera estaba bien surtida. La luz procedía de un generador de gasóleo y el agua se subía desde una pequeña poza mediante una bomba de gasolina. Le encantó al primer vistazo.

        Hoy por fin se ha instalado en ella. Se dará unos días sabáticos hasta que ponga en marcha su nuevo proyecto de vida. Aparte de pasear, recolectar frutos silvestres, plantar un pequeño huerto, pescar en la pequeña laguna y poner alguna trampa para cazar conejos, se dedicaría a pintar paisajes y lo que su imaginación le aconsejara. En la ciudad lo había intentado, pero sólo plasmaba en el lienzo calles tristes, casas grises y personas infelices. La Naturaleza sería el mejor tratamiento para su mal. Nadie le echará de menos hasta que su herida cicatrice y se plantee el regreso a la actividad social. Al fin y al cabo, ha sido educado en la convivencia con los de su especie y tampoco es bueno que el hombre esté solo.


Rabo de lagartija

A solas





            María llegó hasta la puerta de entrada al parque que iba a visitar. Le habían hablado muy bien de él y del lugar donde estaba ubicado, ya que se encontraba a las afueras de la ciudad y desde donde  se podía divisar el mar.

            Mientras esperaba para entrar al recinto, pues faltaban unos minutos para su apertura, María se entretuvo en leer el contenido del folleto que explicaba la historia de parque.

            Cuando por fin pudo entrar en el recinto, se encaminó lentamente hasta el interior del mismo, desierto a aquellas horas de la mañana. Según iba avanzando por el camino, percibía el olor que desprendían las florecillas amarillentas de las mimosas, que colgaban de las ramas de los árboles, situados a cada lado del camino, impregnando el aire con su fragancia.

            María en su recorrido no dejaba de observar la arboleda, las paredes de setos cuidadosamente recortadas y las estatuas de bellas jóvenes con la mitad del cuerpo cubierto de escamas.

            La mujer continuó su camino hasta llegar al círculo que formaba la pared del seto, una vez allí, se detuvo permaneciendo de pie, mirando lo que se ofrecía ante sus ojos. Desde aquel  lugar podía divisar el relieve de la parte final del jardín y a sus pies, las olas del mar, llegando a la pequeña cala que se escondía entre los pinos que la rodeaban.  Por unos instantes apartó  la mirada de la imagen que se ofrecía ante ella y se aproximó al banco de piedra que allí se encontraba y, sentándose en él cerró los ojos, dejándose llevar por los sonidos de las olas y el perfume de las mimosas que el  aire se encargaba de llevar por todos los rincones del parque.

            María siguió un tiempo con los ojos cerrados, escuchando la voz que solo podía oír cuando estaba  a solas.


I R I S