sábado, 23 de mayo de 2015

Eduardo Galeano





Nació en Montevideo en 1940.   Hace unos días nos dejó físicamente.
Pero nos ha dejado un legado enriquecedor  con su escritura.
Este escrito refleja su gran sensibilidad hacia los demás.


                                     
Enrique buenaventura estaba bebiendo Ron en una taberna de Cali, cuando un desconocido se acercó a la mesa.
El hombre se presentó. Era de  oficio albañil, a sus órdenes, para servirlo:
Necesito que me escriba una carta de amor.
¿YO?
Me han dicho que usted puede. Enrique no era especialista, pero hinchó el pecho.
El albañil aclaró que no era analfabeto:
¿Y para quien es la carta?
Para....ella
¿Y usted qué quiere decirle?
Si lo sé, no le pido.
Enrique se rasco la cabeza.
Esa noche, puso manos a la obra.
Al día siguiente, el albañil leyó la carta:
Eso, dijo, y le brillaron los ojos. ESO ERA.
Pero yo no sabía que era eso  lo que quería decir.


                                                                                              VIRPANA

Los 15 años de la niña bonita





Los 15 años de una jovencita de 1955, no tienen nada que ver con los 15 años de su nieto Adrián.  ¿Te  imaginas aquella época (Llamada del hambre)?. Seguro que no, a no ser que seas de la misma quinta. Fue tremenda: por el trabajo que tenían que realizar diariamente y desde que eran capaces de mantenerte en pie. Desde que salía el sol hasta que este se acostaba, desde el más pequeño de la casa al más mayor. Todos en la casa estaban todo el día ocupados en algo: en los huertos, con los animales,  comiendo, en la escuela o durmiendo nada más caer la noche.

 Con este compromiso para con la vida, era para ellos un frenesí, un deseo irrefrenable de seguir adelante, de no parar. Era como si tuvieran  la imperiosa necesidad  de demostrar que era suya la responsabilidad de sacar la casa adelante, ayudando con su esfuerzo. (Así como Sísifo que tenía, como castigo, que empujar por la empinada cuesta la  enorme roca). Su  roca era la pura supervivencia, seguir  comiendo. Y aunque la roca se les escapara y cayera  al fondo del barranco, corrían tras ella porque era menester no cejar en el empaño y subirla y mantenerla en todo lo alto, y no cejar para no volver  hasta comenzar otro azar. Tan acostumbrados estaban a tantos empeños, que de esa manera y con mucho tesón, porque no tenían más que sus manos y muchas ganas, en aquel abril del 55 cumplió los 15 años. Como cada domingo,  su madre calentaba agua  para lavarse en un gran barreño azul, que los permitía meterse en él en cuclillas y enjabonarse bien, para salir todas limpias y guapas. Su madre le trajo un vestido amarillo pálido, parecía muselina y un cancán, para darle cuerpo a aquel vaporoso y precioso vestido, que  su  madre le había confeccionado puntada a puntada.

Una vez arregladas se fueron su hermana Maleli y ella a buscar a la prima Carmina que era un año mayor que Maleli. Después llegó otra prima, Milagros, que era 5 años mayor que ella, y paseaban como todos los fines de semana: por la plaza de las Salesas, las calles Bilbao y San Bernardo, hasta llegar a la Gran Vía, todas juntas del bracete. Se acercaban los moscones y al final se marchaban al no hacerles caso. Comían y luego se iban al cine de barrio, de sesión continua, de los que había muchísimos por el centro de Madrid, a pasar la tarde. Si hacia malo las veían dos veces. Y pasaban las tardes más contentas que unas pascuas.

 Que años aquellos, todos los chicos se metían con ellas y, aunque tímidas, tanta atención  las volvía vanidosas y coquetas. Por algo andaban en la edad del pavo. Pero eso sí, muy serias y pudorosas, porque todo era pecado, porque  nacimos con el “nacional catolicismo” como bandera y base de la vida.  Eso  creaba patente.
         
Todas tenían la gran ambición de crearse un futuro a base de trabajar el día a día, acostarse tan cansadas por tantas horas de esfuerzo agotador, con el único afán de llevar a su madre el exiguo sueldo que les daban a fin de mes, y ver en su cara si la complacía, si la parecía bien. Y la pobre se quedaba un poco en suspenso esperando su reacción. Era impepinable en ella, abría el sobre y ¡hombre, hija! que bien, lo mismo que el mes pasado. “¿Nada más madre, con tantas horas de más como he hecho?” “Pero que quieres hija, si ya casi ganas más que tu padre. Anda, anda  no te preocupes que está muy bien”. Las explotaban, las sacaban el jugo, las exprimían al máximo. (Bueno en eso sí puedo decir que cómo ahora mismo, pero es que han pasado 60 años y eso es lo trágico). Entonces las explotaron pero ellas estaban seguras de salir adelante, de que el  futuro sería suyo.  Y así ha sido.

QUIRÓN

Un poquito de amor



         Cuando salga de esta simple encrucijada,
         llenaré un botijo de sonrisas,
         pelearé con los claveles olorosos,
navegaré en una piscina de abrazos,
besaré el aroma de las violetas.

Pintaré los labios con las fresas,
respiraré el néctar de las frambuesas,
beberé el agua de la madreselva,
embriagará mi cuerpo con el agua del rocío,
soñaré con el estambre de las flores,
crearé ramas de petunias y lirios,
llenará de besos amapolas y jazmines,
viviré abrazado a la siempreviva,
y me colgaré un ramo de margaritas.

Y tú, Rosa, cuando vengas a mi lado,
hollarás junto a mi cuerpo los aromas
y los besos calurosos de un volcán,
y la belleza del fuego de la lava,
para que nunca te falte la luz ardiente,
de un cariño que te colme de bondades.

Trotamundos 

Corazón tranquilo





        Siento el corazón tranquilo, como las aguas del mar cuando están en calma; como el amor reposado que ya se ha liberado de las turbulencias de las pasiones; como el hombre en su senectud, lejos ya de la juventud en que todo era vigor y bravura; como la mansedumbre del toro cuando está pastando, el sosiego de la noche alumbrando la luna, la vistosidad y belleza de las flores que te llenan los sentidos de bienestar; como el cráter cuando devuelve lo que lleva dentro y se queda tranquilo; como el animal acorralado y, que por fin, recobra su libertad; como la placidez que da ver los frutos en el campo; como la paz que siente el niño dormido en el regazo de la madre.

        Así me siento yo en estos momentos. Con un sosiego interior que me tranquiliza. Todo esto el algo que siempre estuvo ahí, pero pasamos de puntillas sin echar la vista atrás y ahora, en este momento de mi vida, tengo el corazón sereno, sabiendo separar lo que no me aporta nada en el camino hacia la felicidad.

        Cuando cumples años, te sientes más seguro de lo importante que es escoger, entre todo lo vivido, aquello que llene tu vida, que no siempre son cosas materiales. Hoy me siento repleta de pequeñas cosas que me satisfacen profundamente, y dio gracias a Dios por tener la oportunidad de haberlo descubierto, cuando aún tengo tiempo de poder rectificar.


Blanca

sábado, 16 de mayo de 2015

Quisiera ser





Quisiera ser una gaviota
volando libre como el viento
y columpiarme en una estrella
abrazando al firmamento.
Sentirme dueña del espacio
sin ataduras ni cadenas,
emperatriz del universo
sin límites, sin barreras.
Jugar al corro con la luna,
beberme la noche estrellada
acariciando los luceros,
besar el cielo con mis alas.

Quisiera ser una sirena
y navegar entre tus brazos,
entre mil mares de caricias
y conquistarte paso a paso.
Y sumergirme en tu mente
para saber lo que piensas,
y despertarte con mis besos
sin que me cierres la puerta.
Nadar juntos de la mano
hasta el fin de nuestros días,
acariciando los momentos
Que nos regala la vida.

Quisiera ser hada de cuento,
poder jugar con mis poderes,
cambiar el llanto por sonrisas,
el  sufrimiento en mil placeres.
Y sembraría de manjares
todos los puntos del planeta,
extinguiría la injusticia
Y junto a ella la pobreza.
Abonaría mil amores
para que el odio no existiera.
Borraría con mis dones
los humanos de rapiña,
maltratadores sin alma
que nos destrozan la vida.

Pero despierto de mis sueños
entre abatida y desolada
pues sólo es una fantasía
de mi mente ilusionada.
Y resignada retomo
los versos de Calderón,
cuando dice el gran poeta…
“que los sueños, sueños son.”


                                  LUNA

Un espacio vacío





         Cuando un amigo se va, queda un espacio vacío, que no lo puede llenar, la llegada de otro amigo…

         No sé cómo se le llama a la gente que llora sin consuelo la pérdida de un ser entrañable y peludo, un ser que desde hace 10 años ha sido uno más de la casa.

         Alguien que siempre estaba pendiente de todos y cada uno de nosotros.

         Un ser que exigía una mirada, una caricia, una palabra que él escuchaba, entendía y por la cual se ponía triste o tan contento, que era muy normal tenerle que reír, ¡calla Quirón! ¡Que te estés quieto, deja de saltar! ¡Sin no te estás quieto te meto en la cocina! Se acabó el barullo, agachaba las orejas y se hacía una rosca en el sillón con una mirada lastimera, que inmediatamente alguien acariciaba, sus orejas se estiraban y todos contentos. A Quirón no le gustaba la cocina porque era donde dormía. Allí le encerraba yo todas las noches al acostarme la última.

         Era un cielo de animal. En estos días últimos, con los obreros en el comedor, hacíamos la vida en la cocina. Pero Quirón, que estaba malito, se mantenía fuera, tambaleándose en pie y se acercaba hasta la puerta para mirarnos, tan triste que le decíamos entra y le dábamos algo que siempre hubiera cogido alegre, pero él no entraba en la cocina.

         Llevaba muchas inyecciones y no mejoraba. Mi hija, que iba a la universidad, preguntó en Veterinaria si le podían mirar. Le llevó mi hija y volvió descompuesta. El veterinario dijo no comprender como se mantenía en pie. Tenía invadido su pequeño organismo por ese mal que tanto ensombrece la vida de los humanos, cáncer.

         Atracón de llantos y recomendación a la calma. Al día siguiente, sábado, mi hija se fue al río con sus futuros suegros, y su padre y yo decidimos no dejarle sufrir más. Por la mañana lo llevamos a sacrificar en una clínica de la capital. (Para ellos la eutanasia está permitida) Una inyección le devolvió su semblante de paz. Pero para mí, saber que le había quitado la vida me mataba. No podía dejar de llorar. No podía entrar en casa porque él ya no estaba, así que nos fuimos al pueblo, a llorar porque él había dejado de sufrir, pero yo he perdido algo muy importante, seguramente quien mejor me comprendía y mi amigo más fiel.

         Yo le rechacé cuando le trajeron y, tal vez por eso, puso todo su empeño en ganarme para su causa. Él miraba por mí, lo demostró muchas veces, yo temía a los perros grandes y cuando iba conmigo él los gruñía y se enzarzaba con ellos. Salía perdiendo pero no lo dudaba. A Quirón no le gustaba el agua, y los chicos le tiraban piedras para que fuera a buscarlas a la orilla del mar, pero ni por esas. Me metía yo en el mar, y él, ladrándome, se lanzaba detrás hasta casi ahogarse. Hasta que no salía yo, él no salía, ni dejaba de ladrar, ni se quedaba tranquilo.

         Tengo que confesar que quería mucho a mi perro y que, un mes después alguna vecina aún me preguntaba, ¿y Quirón, hace días que no le veo? Y yo agachaba la cabeza y seguía sin poder contestar. Se me ponía una bola en el pecho, se me nublaban los ojos y salía corriendo. Me ahogaba. No sé lo que pensarían de mí, pero me da lo mismo. Me faltaba Quirón.

         Cuanto le echaba de menos. Era un perro callejero, golfo, alegre, simpático y cariñoso, que alivió tanto mis angustias en los tiempos peores. Ahora su hueco no podrá ser ocupado por nada ni nadie. No me voy a desesperar, pero sé que mis lágrimas en estos días no serán para nadie. No puedo pensar más que en él.

         Permitidme que por un tiempo me quede lamiéndome las heridas por mi amigo del alma.


Quirón

Rimas





                        Mirar siempre hacia delante
                        con la mirada constante,
                        tener siempre buen talante
                        con la actitud elegante,
                        pero sin ser arrogante,
                        porque luego, en un instante,
                        cuando estés tambaleante,
                        será todo deslumbrante.

                        Porque vivir ocupado
                        es vivir afortunado,
                        porque estarás más delgado,
                        y cuando hayas llegado
                        al lugar tan deseado,
                        te sentirás compensado
                        por aquello que has logrado,
                        y serás agasajado.

                        Porque en este perro mundo
                        sólo se vive un segundo,
                        y el gozo está tan profundo,
                        que la risa la confundo
                        igual que un loco iracundo.

Trotamundos