miércoles, 11 de junio de 2014

Hasta luego, volvemos en octubre



Se cierra el cuadernillo, enmudece el bolígrafo. Llega la hora de un pequeño descanso. Volveremos en octubre con renovadas ganas de seguir trabajando.


         La tinta no dejará de sonar. Seguirá latiendo en  nuestro pensamiento.




El cálido verano se acerca y también  las vacaciones, el cuerpo pide descanso, sosiego, hay que quitar ataduras de ropa, aparcar abrigos y bufandas en el armario, que el cuerpo perciba sensaciones nuevas, vivir más en contacto con la naturaleza, al aire libre.
Las vacaciones estivales son muy diversas, hay quien le gusta pasear por la montaña  y descubrir que la jara este verano está más florida, que el agua de Marzo las sacó de lo más profundo de la tierra, que las torrenteras tienen el mismo sonido al desembocar en las praderas.
Otros prefieren que aguas marinas se encarguen de generar pieles que, durante el invierno han estado aletargadas  sin ver el Sol y  piden  un nuevo color disfrutando de buenos baños. Ver cómo llegan a puerto los pescadores en sus barcazas con buen cargamento.
 Llega también el tiempo de los “abuelos” para disfrutar de los nietos. Estarán de vacaciones y los padres les dejarán que se los lleven al pueblo a disfrutar jugando en la calle. José ya está preparando sus fuerzas para llevar a sus nietos al campo Y dejarlos que jueguen sin miedo. Él no pensó que antes de viajar tendría que hacer algunas compras, pero para eso estaba  Pepita, su mujer, que le dice: ¡hay que comprar un balón más grande! Que Julito va a jugar con los alevines la próxima temporada y  también  una nueva equipación. Yo se lo prometí  si sacaba buenas notas, y las ha sacado.
Este curso ha sido muy productivo, estamos muy contentos, con lectores que nos siguen y los que se unirán a lo largo de próximos  cursos.

                               ¡BUENO NOS VAMOS DE VACACIONES!


            En la campiña extremeña, algunos ganaderos se convierten en trashumantes cuando se acaba la primavera y, un buen puñado de pastores, se disponen a subir el ganado a la sierra y que el rebaño paste durante el verano en las laderas que, regadas por el agua de la nieve, se convierte en un manjar para la raza bovina especialmente, ya que también abundan las ovejas y las cabras. Pero como estas últimas son más exigentes a la hora de comer, son pocas las veces que están juntas y por eso hay sitio para todas en las faldas de la sierra.

    En otras profesiones también se podía decir que se cambia de lugar en algún momento, no para pastar pero sí para cambiar de forma de vida y para lograr un descanso, al mismo tiempo que conocemos otros lugares, otras personas y otras costumbres, pues todo es una manera de descanso y de pasar un tiempo alejado de la rutina de todo un año, a la vez que reponemos fuerzas para que nuestra incorporación a nuestro deberes, lo hagamos con más fuerza y comprensión con los demás, cuando volvemos con las pilas recargadas.

    Todo esto puede parecer raro y absurdo, pero la vida tiene tantas cosas raras, que nunca se puede saber lo que serás mañana, ni donde te encontrarás, pues cada mañana nos levantamos con sorpresas, ya sean de la índole que sean. Unas nos ponen los pelos como escarpias y otras nos hacen temblar ante lo que nos presentan las noticias, porque si prestamos mucha atención a los medios informativos, se nos retiran hasta las ganas de desayunar. Y para no cansaros más con estas cosas os diré aquello de, hasta luego, nos vemos en octubre.


Queridos amigos, hemos llegado al comienzo del calor y al final de una fase con una gran confianza para un comienzo que todos deseamos sea mucho mejor, para todos los sufridos españoles de a pie.
Un hasta luego, es la mejor manera de decir que seguiremos resistiendo, y que nuestro espíritu cansado por las duras pruebas que nos infiere esta realidad tan cruel como despiadada, necesita que cada ser se retire por un tiempo a sus entretelas en busca de su mismidad. Esa mismidad que se ha perdido por los vericuetos que el destino y los políticos economicistas y chapuceros la han tenido expuesta en estos años que estamos pasando con tantas pruebas penosas como conflictivas.
Así que cuando en octubre regresemos estaremos descansados y reanudaremos nuestros encuentros con las pilas recargadas y con la confianza renovada de proseguir la grata tarea de estar juntos. Y manifestarnos escribiendo aquello que nos provea de alguna satisfacción para seguir en la brecha empleando nuestro tiempo en compartir inquietudes con quien desee adherirse a nuestra idea de comunicarnos con todos.
Para mí es muy grato decir hasta luego, nos vemos en octubre.

      Daros prisa que hay que terminar de editar  el penúltimo comentario en el blog. Nos tomamos un descanso hasta octubre, pero sólo en cuanto a reuniones, debates, tormenta de ideas e inclusión de trabajos en nuestro querido blog. La producción de nuevos temas, crónicas, relatos, artículos de opinión y cualquier otro modo de comunicarnos, nunca se para. El descanso nos servirá para analizar ideas, conceptos y métodos de creación y, sobre todo, para volver con espíritu y fuerzas renovadas para mantener vivo nuestro blog.

        Lo que nos empuja a seguir escribiendo, aparte de aflorar en cada uno de nosotros el deseo de expresar a otras personas nuestras sensaciones, inquietudes y sentimientos, es que ninguna crisis económica va a quitarnos de realizarlo. Antes publicábamos una modesta revista de ámbito local donde poníamos todas las ilusiones y la subvención que nos asignaban. Muerta en brazos de la cacareada crisis la subvención, no pudieron matar nuestras ilusiones y derechos a expresarnos libremente. Nos pusimos al día y encontramos esta puerta que se abre a cualquier persona del mundo que, sin ninguna obligación en ello, descubre nuestros pensamientos y tiene la libertad de expresar su parecer de gusto o crítica a lo que lee.

        Esperamos vuestra paciencia con nosotros y que también disfrutéis  de ese merecido derecho al descanso que todos los seres humanos tenemos.


Como suena la tinta

martes, 27 de mayo de 2014

Vivencias




En un café de la gran ciudad quedé con una amiga  a merendar. Tenía tantas cosas que contarla, que apresuré el ritmo de mi andada.

Allí estaba impaciente. Ya  por teléfono la adelanté algo de mis años pasados. Ella vivía antes que yo en la ciudad.  Después  de los saludos, impaciente me preguntó: ¿Bueno cómo te va por aquí? ¿Encontraste casa? ¿Cómo vives?

Mira, al final tuve que dejar el pueblo. El trabajo empezó a disminuir, busqué nuevas posibilidades y a casa no llegaban ofertas, y te puedo asegurar que busqué  hasta la saciedad. Yo también fui víctima de malos tiempos. Tenía algunos contactos por aquí, un pariente lejano que, aunque no me gusta, tuve que recurrir a él. Enseguida me hizo una llamada telefónica y me dijo: si quieres trabajar vente, igual puedo hacer algo, no es para tu profesión, pero bueno luego puedes cambiar. No lo pensé, le dije en ese momento que me interesaba y ahí empezó mi periplo.

Desmontar una casa y ordenar los recuerdos me llevó poco tiempo.  No quería que ellos me retuvieran, tenía que ser valiente y empezar otra ruta en  mi vida.

En unos días preparé mis cosas y, como todo emigrante que busca lo desconocido, emprendí mi viaje. No llegué en  PATERA a la ciudad, llegue  en un minibús,  y ahí me ves con toda mi mercancía bajando a mi nueva casa.

Que impresión al llegar aquí, las calles tan anchas, los tranvías, tanta gente en las aceras. La primera  noche no dormí  pensando lo que había dejado atrás en tan poco tiempo. Con nuevas ilusiones empecé a familiarizarme con el barrio y con el nuevo ritmo que tenía por delante.

El contacto que tenía aquí  me facilitó trabajo enseguida y todo  empezó a funcionar. Trabajé en un taller de costura, y toda mi energía se puso  en positivo. Tenía buenas compañeras y  mucho trabajo,  eso me ayudó a seguir adelante.

Me acostumbré  a ir en  metro al trabajo y en el trayecto me daba tiempo a leer. Esas costumbres no las perdería de ninguna manera, intentaría  mantener mis actividades cotidianas.

Laura, estoy muy contenta después de todo lo pasado. La ciudad me acogió muy bien, contenta  con  mi trabajo, y  la aportación económica que tuve en esos tiempos al llegar aquí. Otra vez me arriesgué y hoy tengo mi propio taller de costura en la calle Maravillas, y una tienda pequeña. Ahí tengo metidos todos mis sueños.

Muchas veces pienso: ¿Qué habría pasado si hubiera dicho que no a mi contacto  cuando me llamó diciendo que tenía posibilidades de trabajo? Las decisiones Laura, a veces hay que tomarlas sin miedo. Y yo estaba deseosa de emprender nuevos horizontes

Bueno el café se quedó frío, ¿pedimos otro? Qué alegría vernos de nuevo Laura.


                                                                                                              VIRPANA

jueves, 22 de mayo de 2014

Diez razones





La vida es como una nube

que puede cubrir el resplandor de la luna,

borrando su luz y aroma.

Puede agotar la paciencia de la buena armonía,

cuando andamos felices un camino

cubierto por las hojas que nos dan sombra

y nos amparan de la fuerte ventisca,

tan larga como el eco del ciprés,

que asemeja una profunda y oscura cueva

si te pierdes en la noche antes del amanecer.



Trotamundos

domingo, 18 de mayo de 2014

AMANECE, QUE NO ES POCO




El viejo Anselmo se echa el zurrón  sobre su  hombro derecho, abre el tranco de la puerta y levantándola un poco, “rediez, cada día está más caída  esta puerta” dice en voz alta. La Florencia desde la cocina le grita, ”a ver si le dices a Julián que venga y la arregle, que un día nos vamos a  quedar fuera”. “Bueno mujer, bueno”, y sin más sale al camino.

Se cala la gorrilla hasta las orejas para protegerse del relente  que le corta el aliento en un amanecer tan raso. Se quita el pitillo de los labios, levanta la vista y como cada madrugada se queda extasiado ante un cielo que, aunque clareando, se muestra lujurioso en su espectacular e infinito cielo estrellado. Sonríe para sus adentros. Siempre le han gustado los amaneceres así, siempre le han llenado de una tierna armonía, de una paz especial para comenzar el nuevo día.

                Porque para Anselmo, cada día era diferente al anterior, eso es lo grandioso de vivir con la naturaleza, que no se detiene y todo cambia constantemente, él mientras camina va filosofando. Los listos del pueblo, cuando le escuchan hablar, le dicen con guasa “¿Qué Anselmo has estado caminado por las nubes?” Que sabrán ellos de la vida, están aquí  porque tiene que haber de todo. Pero si viven en el campo y se pasan el día hablando a gritos por el móvil, si no se rompen la crisma porque dios no quiere, van como idiotas mirando como hipnotizados ese cacharro de los mil demonios y no saben ni por donde se andan. A Anselmo se le escapa una risita guasona mientras mueve la cabeza de un lado para otro caminando rápido.

Mientras camina y se guasea mentalmente de sus paisanos la luna le va abriendo el camino. Ya está cerca del aprisco donde la noche anterior dejara encerradas las ovejas al cuidado de Chico. Estaba lejos de casa, pero el abrigo en la roca, no era otra cosa, que una cueva poco profunda y a él le resultaba fácil y cómoda para este tiempo, entre otras cosas, porque en cuanto llegue, sus animales no tendrán más que bajar la empinada pendiente para pastar a sus anchas en la vereda del río, donde la hierba verde y jugosa las tendrá todo el día pastando  entre los altos álamos y frondoso fresnos, entre sol y sombra, y él pasará un gran día cogiendo cangrejos en las paredes del Duratón, para que la Florencia se luzca guisándolos y comiéndolos, que bien que la gustan  también a ella.

Pensando en lo que iba a hacer se le había hecho corto el paseo y, desde la curva del camino, dio un silbido y al instante vio moverse bajando a toda velocidad el rabo blanco y negro  de Chico que aparecía y desaparecía entre riscos, zarzas  y jaras. “Vale Chico vale”, ya lo tenía encima, con las patas  delanteras en su cinturón, aquel aprendiz de mastín esperaba. “Que pasa Chico, ¿has pasado bien la noche y el rebaño bien?” El perro respondía con un ladrido a cada pregunta del amo sin dejar de mirarle a la cara, contento.

“Bueno Chico, el ama te manda la comida como a mí, solo que yo comeré mas tarde”. Sacó la tartera con comida y se la puso al perro en el suelo. “Tú come, mientras yo suelto a las ovejas, cuando termines vienes a ayudarme”. Sacó el aro de alambre que sujetaba la burda puerta  de ramas al mástil atado a la roca y comenzó a nombrar, “vamos blanca, seda, donde esta alamar, venga perezosas que está a punto de salir el sol, ¿lo veis?, ya se ve perfectamente el ciprés que vigila el cementerio y vosotras sin moveros, ¡Chico! quieres terminar, que no tenemos todo el día, rediós que lentas son”. Un silbido y Chico aparece, empieza a correr y ladrar entre ellas, no se le ve pero las ovejas se revuelven y se agitan y poco a poco, apelotonadas, van saliendo seguidas por los ladridos del perro. Comienzan a bajar, se van espabilando  y Anselmo le grita al perro, “cuidado que no se desvíen al camino, mételas por la vereda del río”. Y mientras ve conducir el rebaño, Anselmo tranquilo contempla el panorama que se le ofrece a la vista.

 ¿Quién hubiera dicho ayer, que hoy el día sería tan espléndido? Por la mañana había estado bueno, con alguna nube y claros,  pero por la tarde empezó a anubarrarse, se levantó una ventisca que no había un dios que la aguantara y Anselmo, viendo que el tiempo no iba a mejorar,  pensó en encerrar las ovejas en la cueva. Así  lo hizo y mira si acertó. Contempla satisfecho a su ganado comiendo en la pradera y al perro que le mira como esperando su aprobación. “Bien, Chico bien, vigílalas, voy a echar un vistazo por los alrededores. No quiero sorpresas”.

¿Qué  maravilla de naturaleza!, ¡que bien huele el campo cuando se cubre de hierbas aromáticas? El tomillo, las jaras, el aroma del orégano al pisarlo un mmmmm.

Tenía todo el día para disfrutar de la vida que él quería vivir.

QUIRÓN

martes, 8 de abril de 2014

El abuelo




Manuel salió con las primeras luces de la mañana. Con paso rápido se dirigió hasta donde tenía aparcado el coche.  La noche anterior recibió la llamada telefónica de Manuela en la que le comunicaba que el estado de salud del abuelo había empeorado. Después de colgar el auricular el hombre se dirigió al salón donde se encontraba la familia y les informó de lo que le había contado el ama, también le dijo que al día siguiente emprendería viaje  para ver el estado en que se encontraba el abuelo.

Al llegar al vehículo abrió la puerta, tomó asiento y  emprendió el viaje. Durante el camino su mente se llenó con los  recuerdos de los momentos vividos con el anciano. Recordó  también los veranos que había pasado en la finca y la forma sencilla con la que el abuelo le enseñó cómo se llevaban a cabo las labores del campo que rodeaban la casona. Recordó  los días de primavera en que el abuelo y él montados en la bicicleta recorrían los caminos  hasta las tierras donde crecían los trigales  y una vez allí se paraban a contemplar la siembra que se mecía y bailaba con el viento, creando la imagen de olas verdes de un mar en calma que invitaba a sumergirse en ellas. Después de un tiempo emprendían el regreso a casa. Durante el camino el abuelo le explicaba el lenguaje secreto de las nubes en el cielo, de las plantas del camino, de los trinos de pájaros, en definitiva, el lenguaje de la naturaleza.

El coche seguía su marcha hasta que llegó al cruce que tenía que tomar para llegar a la granja. Tomó el desvío  y se encaminó por la estrecha carretera sombreada por los árboles que la circundaban hasta  la casa del abuelo.

Manuel iba pensando en lo que le iba a decir al abuelo de su presencia  en la casona. También debía pensar en la respuesta que debía dar a las preguntas que le haría el hombre, sabía que éste no se dejaría engañar, por lo tanto había que buscar un motivo que no levantara sospecha y tras unos minutos de cavilaciones le vino la idea. Le diría al abuelo que la primavera había llegado de nuevo, que las siembras verdeaban en los campos, que los trinos de los pájaros llenaban los aires del campo y él estaba allí para llevarle como cuando era niño a ver el lenguaje de la naturaleza, eso sí, ahora no irían montados en bicicleta sino en coche.

Al caer la tarde el coche llegó hasta la casona, su ocupante salió del vehículo y se encaminó a la entrada, una vez allí llamó a la puerta.


I R I S

viernes, 4 de abril de 2014

Todo era posible



       “Queridos Reyes Magos: Tengo 7 años, me llamo Juan y tengo una familia estupenda. Mi papá está últimamente en casa todos los días. Quiere mucho a mi mamá, a mi hermanito pequeño, que llora mucho, y a mí. Salimos de paseo por las tarde y, lo que más me gusta es mirar escaparates, ver cosas, juguetes, cuentos, bicicletas. A través del cristal de los escaparates veo reflejados a papá y mamá y, como creen que no los veo, miran con caras tristes y de pena lo que hay dentro. Hace unos días me dijo mi papá que pronto nos mudaríamos de casa. Le pregunté por qué y me respondió que ésta ya no les gustaba y que nos íbamos a otra un poco más pequeña pero más bonita.

         Me gustan mucho los juguetes, los lápices de colores con los que pinto a mi familia y me gustaría tener una bicicleta como  mis compañeros de colegio. También me gustaría un balón de futbol y unos guantes de portero. Pero lo que más deseo es que mis papás sean felices y mi hermanito esté contento y no llore porque tiene hambre o se ha hecho pis y mamá no tiene pañales para cambiarle. Sé que vosotros veis todo y que sois muy buenos. Aunque no me trajerais juguetes, por favor traer la sonrisa a mi familia.

         Os quiero mucho aunque no os conozco y, aunque ya lo sabéis, mi casa está en la calle A, portal M, piso O, puerta R”

         Manolo sintió cómo una lágrima caía por su mejilla. Había aceptado el trabajo de paje del Rey Melchor, no porque lo necesitase, sino por su amor a los niños, ya que no había tenido ninguno en su matrimonio con Amparo. El gran almacén que le había contratado para recoger las cartas de los niños, quería que hiciera una estadística de los juguetes o peticiones que más solicitaban los niños y también que hiciera una selección de las cartas más originales o simpáticas. Ésta última le había afectado a su estado emocional. Comprendió que en casa del niño faltaba la comida, el trabajo y amenazaba un desahucio inminente. La puso aparte para enseñarla al director del hipermercado.

         Juan contaba los días que faltaban para la llegada de los Reyes Magos. En casa ya no podían disimular ante el niño las emociones tristes que embargaban a sus padres. La víspera del día 6 de enero fueron a ver la cabalgata del barrio y Juan se contagió de la alegría que embargaba a todos los niños y soñó despierto con lo que le iban a traer. Se acostó temprano y aunque los nervios y la ilusión hacían que su imaginación se mantuviera despierta, cayó rendido en un profundo sueño. Cuando sus ojos se abrieron y amaneció su consciencia, recordó inmediatamente el día que era. Se levantó de un salto y corrió hacia el salón medio a oscuras, Dio la luz y miró hacia su calcetín que colgaba por encima de la televisión. Un pequeño bulto se apreciaba en su interior. Metió la mano y sacó una hermosa bolsa llena de chuches y piruletas. Juan llamó a sus padres para enseñarles lo que le habían dejado los Reyes Magos y los encontró llorando en la cama, con su hermanito en brazos, que también rompió a llorar desconsoladamente.

         Sonó el timbre de la puerta varias veces. ¿Quién podría ser? Abrieron con recelo un poco y vieron a un señor bien vestido, cargado de paquetes con envoltorio de regalo y una amplia sonrisa que iluminaba su cara.

         “Buenos días, los señores de Buenaventura, supongo. Soy Manolo, vecino del bloque. Creo que los Reyes se han equivocado de piso, mira que es raro, y han dejado estos paquetes en mi casa. Yo vivo con mi mujer y no tenemos niños, por lo que nos ha extrañado mucho que nos dejaran todo esto. Luego hemos visto un sobre a nombre de la familia Buenaventura, y hemos comprendido que serían para Vds. Tengan, cójanlos y que les hagan muy felices los regalos.”

         Metieron todos los paquetes y como desesperados los fueron abriendo uno a uno. Cuadernos, toda clase de rotuladores, lápices y colorines, un precioso balón de fútbol y unos guantes de portero, paquetes de pañales y juguetes para bebé, camisas, pantalones, faldas, blusas, zapatos. Juan vio como sus padres lloraban y esta vez no era de tristeza sino de alegría. Pegado a uno de los paquetes estaba el sobre con nuestras señas. El papá de Juan, todo nervioso lo abrió y lo leyó con avidez. Según lo iba leyendo, unas lágrimas calientes de emoción caían por su cara.

         “Mamá, Juan, Es una carta de unos grandes almacenes en la que me ofrecen un puesto para rellenar y repartir pedidos. ¿Cómo habrán podido saber cuales eran nuestras necesidades y quién nos ha enviado todo esto?”

 La boca de Juan, despacio, poquito a poco, fue poniendo en marcha una infinidad de músculos que la mueven, hasta que dejó dibujada la sonrisa más feliz que un niño pueda expresar. Ay, si supieran de la carta que él escribió a los Reyes Magos. Supo que deseando una cosa con mucha fuerza y empeño, todo era posible.


Rabo de lagartija

lunes, 17 de marzo de 2014

10 años homenaje a las víctimas del 11 M.

En el municipio donde resido, en el Parque de las Comunidades, se plantaron hace 10 años 192 árboles, en conmemoración de las víctimas, que ahora mismo estarán en flor, preciosos como preciosas fueron para todos nosotros aquellas vidas sacrificadas por el odio fundamentalista islámico.

        Y quien quiso, hizo un pequeño poema. Que fueron muchísimos.

Homenaje a las víctimas del 11 M.

PROHIBIDO DEJAR DE SOÑAR

Que quienes nos llenaron de dolor nos vean reaccionar,

amamos la bondad y la vida.

El amor y la libertad pueden más

que quienes viven en las tinieblas del odio.

Entre terribles padecimientos, en ellas perecerán.

Sembremos sonrisas y esperanza, en los árboles del recuerdo,

por quienes, inocentes, padecieron las iras

de maligno furor fundamental.


Quirón