sábado, 15 de febrero de 2020

Nuestra querida Nina





QUERIDA COMPAÑERA

         Hemos perdido una amiga, menuda de complexión y enorme de corazón. Ha dejado su vida en la enseñanza a personas que no tuvieron la oportunidad de aprender más que lo básico en su niñez.

         Entrañable, cariñosa y con carácter, que también lo tenía. Siempre positiva, luchadora hasta el final en todas las facetas de su vida. Siempre ha creído en lo que estaba haciendo y blandía la enseña de la esperanza y la conquista de sus metas. Estoy seguro que no pasarás inadvertida allí donde tu esencia haya viajado, y seguirás con tu temple y buen humor.

         He buscado en tiendas de imposibles, he abierto puertas inaccesibles, y no he encontrado un alma que se pueda semejar a la tuya. Eres única e irrepetible y yo, seré uno de los incontables que te echarán mucho de menos.

         Gracias por haberte cruzado en mi camino Nina.


Rabo de lagartija



Nina me enseñó a hacer Haikus, todos los que hacíamos le parecían bien, nos animaba a continuar.
Un amanecer
Se fue su sonrisa y
Su alegría.

Nos dejó solos
Sin su aleteo de
Pestañas negras.

La conocimos
En la escuela vive
Para siempre.

Clave de Sol



NINA. SIEMPRE ESTARÁS CON NOSOTROS

                Hoy es un día  muy triste,
                está llorando la escuela,
                mares de llanto recorren
                sus aulas y dependencia
                que nos ha dejado Nina,
                la más hermosa sirena.

                Jovial, alegre, bonita,
                simpática y pizpireta,
                la luz brillaba en tu cara
                como eterna primavera,
                la risa siempre en tu boca
                como alegres castañuelas.

                Grande, grande entre las grandes,
                aunque menudita fueras,
                pero aunque tú te hayas ido
                tu aroma dejaste en ella,
                para olerte cada día,
                para recordarte entera.

                No hay consuelo, todos lloran
                y nos invade la pena,
                un huracán tenebroso
                sin piedad y sin conciencia,
                cortó así, de raíz,
                un gran pilar de esta escuela.

                Una fundadora fuiste,
                te desviviste por ella
                y te dejaste la piel
                con cariño y entereza,
                enseñando tus valores
                apasionada y serena.

                Gran señora del teatro,
                emperatriz de la escena,
                enseñabas tus pasiones
                con cariño y con paciencia
                y aprendimos junto a ti
                con amor y gran entrega
                pues nos hacías sentir
                como artistas de primera.

                Nina, Nina donde estás,
                se escucha en toda la escuela,
                pero si miras al cielo
                y unos minutos esperas,
                verás como de repente
                hoy brilla muna nueva estrella.

                Nina grande, Nina hermosa,
                un maleficio segó
                tus alas de mariposa.

Luna

domingo, 2 de febrero de 2020

La era de las mascarillas





        Cada día, por distintas circunstancias, vemos a nuestros conciudadanos enmascarados por la vida. Sobre todo en las grandes urbes, fuera de la vida campestre, hasta hoy, más sana y cerca de la Naturaleza.

        Es un hecho constatado y certificado, pese a algunos defensores a ultranza de echar contaminantes a la atmósfera sin que esta se resienta, que nuestro clima está cambiando. Siempre ha habido tormentas, huracanes, borrascas intensas, tsunamis, vientos, lluvia, nieve, granizo y todos los estados climáticos, en distintas fechas y en distintos sitios por su situación geográfica, corrientes marinas y de vientos, etc.

        Nunca hemos visto nadar a una tortuga con un collar de plásticos colgado al cuello, los iceberg del polo desgajándose a marchas forzadas, incrementando el nivel de los mares y océanos, La furia intensa y duradera de tormentas que se ceban y ceban con una región hasta que la destrozan y, cuando parece que el pueblo, con esfuerzo ha recuperado un poco la situación, vuelve y vuelve otra vez. Parece que quiera echar a los pobladores hacia otro lado.

        También es cierto que, casi todo lo que arrasa en las cercanías de las playas y de las laderas de los ríos, no debía de estar ahí con la especulación del suelo sin un estudio previo de los posibles avatares del clima.

        En las grandes ciudades se ha puesto de moda una prenda, quizá arcaica y obsoleta, La boina de la contaminación. Eso hace que muchos ciudadanos recurran a la impertérrita mascarilla, que parece, o bien que eres tú el que contaminas o haces creer al que pasa a tu lado que es él el culpable. Eso si no te encuentras en una calle solitaria a uno y te crees que te va a pedir la cartera o el dinero.

        La Naturaleza se sigue alterando también con una serie de virus que antes se reducía a unos pocos y controlados pacientes pero hoy, son una verdadera epidemia mortal para la humanidad, que lo primero que crea es la psicosis del miedo al contagio, deshumanizando las relaciones entre las personas en pro de la supervivencia individual.

        Si una simple mascarilla nos evita muchas de estas situaciones, bienvenida sea, seamos chinos, europeos o de cualquier país terrícola.


Rabo de lagartija

La habitación





Vivía en esa habitación desde hacía unos meses, en un piso compartido con gente desconocida, algunas habitaciones estaban ocupadas por parejas y otras con personas solas como él.

Desde hace un tiempo la habitación era su refugio, pues allí tenía todos sus libros y todas sus cosas, en un rincón pudo poner una nevera pequeña, así que, siempre había algo fresquito a mano y algo de fruta.

La habitación es pequeña pero tiene un gran ventanal a bastante altura, le gusta asomarse y ver la actividad de la calle que es mucha pues hay varias tiendas muy cercanas. La cama es pequeña, pero suficiente para poder descansar, la mesilla es muy antigua, es un mueble feo. Tiene un escritorio  lleno de papeles y el ordenador siempre dispuesto para trabajar.

Últimamente había notado que se le perdían las cosas para luego aparecer días más tarde en otro lugar, al principio pensó que tenía mucho despiste e intentó concentrarse en donde dejaba sus cosas. Pensó que algún compañero podía entrar cuando él no estuviera pero después desechó este pensamiento.  Esa mañana se sentó en la cama y se puso a mirar por el gran ventanal tanto rato que llegó tarde al trabajo. Un  día la puerta se abrió, así de repente, dando un brusco golpe contra la pared, sin corriente de aire aparentemente.

Decidió que hablaría con los vecinos pues quería saber quién había sido el inquilino anterior.

Esta habitación lo tenía como hipnotizado.

Todos los vecinos y comerciantes de la zona le dijeron lo mismo, que iba a cumplirse un año desde que el anterior inquilino se lanzase al vacio por el gran ventanal. Esa noche no pudo dormir, intranquilo como estaba, abrió los ojos y la puerta se abrió un poquito lo justo para pensar en marcharse pronto , no podía estar más tiempo en esa habitación, pero se sentó en la cama y se puso a mirar por el gran ventanal hasta que amaneció y tomó su decisión.


Clave de Sol

Pienso...





         Atender a lo duradero, a lo más esencial que hay en nosotros, en las emociones de los sentidos o en las operaciones del espíritu como contacto con esos hombres que, como nosotros, comieron aceitunas.

         Bebieron vino, se embadurnaron los dedos de miel, lucharon contra el viento despiadado…

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         La sustancia, la estructura humana apenas cambia.

         Si bien es verdad que en el siglo del que hablo estamos aún muy cerca de la libre verdad del pie descalzo

Adriano, con dotes de visionario, es plausible porque con razón o sin ella se le atribuían virtudes más que humanas.

Lo que un hombre ha creído ser, lo que ha querido ser y lo que fue.

Todo ser que haya vivido la aventura humana vive en mi.

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         El Siglo II me interesa porque fue el de los últimos hombres libres. Adriano murió en la isla de Aquiles, está próxima a la novelada por un lado, y por el otro a la poesía, aumenta singularmente uno de sus rasgos fundamentales, el rencor.

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         Con su sola presencia aligera la pesadumbre del vivir.

         Esa mujer sonriente, atractiva, pausada, con aspecto juvenil. Una imagen sumamente agradable, en efecto, dotada de ligereza. En el mejor sentido del término.

         Mi amigo García Lorca, era así, decía Aleixandre.

         Alguien que, nada más aparecer en cualquier sitio lo animaba, e iluminaba con su simpatía y sus bromas afectuosas.

                   Él se interesaba por el que estaba mohíno hasta conseguir arrancarle una sonrisa, como si tuviera la obligación de la alegría.

         Sólo algunas personas tienen esa capacidad de transmitir sin darle importancia y es, porque es natural en ellos esa virtud.


Quirón

El baile de las letras





             La casa estaba semioculta por las ramas de los árboles que la arropaban, como queriendo salvarla de las miradas curiosas de los caminantes,  que llegaban hasta aquel lugar atraídos por la historia que de ella contaban los habitantes del pueblo.
            La noche sorprendió al hombre cuando se dirigía al lugar donde se encontraba la casa.  Durante el tiempo que duró el recorrido había vuelto la cabeza en varias ocasiones al creer  sentir detrás de él pasos,  pero no vio a  nadie, tan  solo alcanzaba a ver las brumas que cubrían las aguas del río  junto al camino y escuchar en la lejanía  las campanadas del reloj de la torre de la iglesia dando la hora. Después, sacudiendo la cabeza para ahuyentar las extrañas imágenes que creaba su mente, apresuró el paso, ajeno a la sombra que le seguía a corta distancia.
            
            Cuando llegó frente a la casa, su aire fantasmagórico le hizo estremecer. El tiempo parecía haberse detenido en aquel lugar, por un momento pensó volver sobre sus pasos, pero algo le empujaba a entrar en ella. Cuando llegó hasta la puerta, ésta se abrió permitiéndole la entrada.  En el interior reinaba la obscuridad. El hombre,  buscó en el bolsillo del pantalón el mechero y lo encendió, la luz iluminó la entrada y el recién llegado pasó al interior. Las telarañas colgaban de los rincones, los muebles cubiertos de polvo mostraban el abandono en que se encontraba la vivienda. El visitante, sin detenerse, llegó hasta la puerta entreabierta de una sala y entró en ella. En el centro se hallaba una mesa donde se apilaban libros y, según se iba acercando, divisó uno que tenía algo que le diferenciaba de los demás, y este hecho atrajo su curiosidad  y aproximándose a la mesa tomó el libro, que sobresalía por su color rojo,  y una vez lo tuvo en las manos, buscó una silla donde poder sentarse. No tardó en encontrarla, después de limpiar las telarañas que lo cubrían, encendió los restos de la vela que aún quedaba encima de la mesa y comenzó a pasar las hojas y, en ese momento, el ladrido de un perro, el vuelo de las aves nocturnas y el susurro de las palabras perdidas en el silencio de la noche distrajeron su atención. Después, sin dejar de escuchar lo que le llegaba del exterior, se dispuso a continuar con la lectura de las páginas que tenía entre las manos.

            La luz amarillenta  que desprendía la vela iluminaba las letras que comenzaron a saltar de la hoja de papel llenando la habitación de trazos que agrupándose se acercaban hasta la mujer que esperaba al fondo de la sala.

            Las letras seguían girando al paso de la mujer que se dirigía al hombre que la miraba sin poder apartar la vista de la imagen que venía hacia él y cuando sus manos estaban a punto de alcanzarle, una voz del otro lado le hizo despertar del sueño en que estaba sumido, abrió los ojos, no había nadie en la habitación, y cuando giró la cabeza vio la hoja de papel donde se podía leer con las mismas letras del sueño : “No olvides nuestra cita en la noche”.       
               

I R I S

Maldito dinero





            No se puede estar sin él,
            pero nos cuesta la vida,
            aún sabiendo que es cruel,
            nos puede causar herida.

            Todo se basa en dinero,
            es odioso y criminal,
            es el todopoderoso,
            del principio hasta el final.

            Es como una enfermedad,
            que contagia a las personas,
            cuanto más dinero tienes,
            más dineros ambicionas.

            Y… para curar los males,
            gastamos buenos caudales,
            porque la usura es tremenda,
            de las mentes criminales.

            Hay doctores abnegados,
            que luchan para encontrar,
            la perla que cure al mundo,
            y salve a la humanidad.

            Pero este mal del dinero,
            no hay cerebro que lo ampare,
            la ambición es temerosa,
            y nadie quiere que pare.


Trotamundos

sábado, 25 de enero de 2020

Tarde otoñal agrisada





                   Tarde otoñal agrisada
                   que acrecientas mil enojos,
                   nublas la luz de los ojos
                   y haces la sombra azulada.

                   Hojas ocres en manada
                   mecidas por vientos flojos,
                   efectúan desalojos
                   de su efímera morada.

                   La gente mira asustada
                   cómo llegan en manojos,
                   nubes de colores rojos
                   con presagio de nevada.

                   Corre el agua desmandada
                   por sembrados y rastrojos,
                   por bosques y por matojos
                   y por la cuesta empinada.

                   En una gran enramada
                   contemplan los petirrojos,
                   a unos niños pelirrojos
                   jugando con su criada.

                   Una niñita asustada
                   en un charco está de hinojos,
                   buscando sus anteojos
                   con cara desesperada.

                   En una plaza cuadrada
                   estaban dos perros cojos,
                   rascándose los piojos
                   y una mirada cansada.

                   La tormenta queda en nada
                   el cielo tiene sonrojos,
                   las nubes son ya despojos
                   de una guerra terminada.

Rabo de lagartija