sábado, 10 de marzo de 2018

El ocupa





Vivía sin libertad en una casa que no era suya, una casa  grande con jardín y muchas habitaciones, en un barrio residencial, con muy poco tráfico. En una de estas habitaciones vivía una pareja de veganos, muy amenos y divertidos. En otra habitación estaba él. No tenía muchas pertenencias pues había vivido en su coche durante un tiempo, ahora disponía de una estancia para el solo.

En la  casa no había agua caliente, así que sacaban al jardín unas cuantas  garrafas  y las ponían al sol para darse una ducha por la noche.

Los domingos hacían asamblea en el comedor y hablaban de todo lo que supone una convivencia con gente desconocida, hablaron de quién se encargaría  de la limpieza de las zonas comunes.

La comida se la proporcionaba una señora que vivía en la casa de al lado y según decía ella, estaba acostumbrada a cocinar para mucha gente y ahora estaba sola y le sobraba de todo, así que iba con todo tipo de manjares y ya de paso comían todos juntos.

Una noche llamaron a la puerta, eran dos mujeres muy nerviosas y sin nada.

Se presentaron como madre e hija.

Habían huido de una bronca tremenda y de un marido y padre borracho e irresponsable. Les habían dicho que en esta casa las acogerían, y así fue.

 Esa noche, no durmieron en la calle, con miedo, al menos tenían una habitación y algo de cena.

Eran ocupas y se ocupaban de ayudar a la gente que lo necesitaba. En el fondo hacían un bien social.


Clave de Sol

Increiblemente cierto





    Cabalgaba sobre un caballo volador,
    por una ruta sembrada de cactus,
    siguiendo una estrella en la noche.

        Y galopar y galopar sin tregua,
    entre arroyos de espuma blanca,
    flotando sobre nubes de algodón,
    que te llevan a las brasas de la lumbre,
    donde se funde el mal que re persigue.

        Y lo miras, cómo acaba en una balsa
    de tierras movedizas, que despiden un calor
    que cuece las piedras, que pesan
    en la espalda y duelen los hombros.

        Todo es real como la Luna que nos alumbra
    cada día, y el agua que nos apaga la sed.

De repente, todo se borra y comienza la duda, como si fuera un sueño.


Trotamundos

sábado, 3 de marzo de 2018

Carta de amor desesperada





         Perdona mi atrevimiento al dirigirme a ti en estos términos. Se que no soy merecedor de que ocupes un solo pensamiento hacia mi, pero algo me quema por dentro y tengo que dar escape a ese fuego o moriré abrasado por el. Soy un cobarde,  lo reconozco. No soy capaz de enfrentarme a tu juicio y decirte a la cara lo que se cuece en mis entrañas y que me tiene desasosegado.

         Te veo y te miro todos los días,  al entrar en clase, durante la clase y al salir de ella. Los suspiros forman parte cotidiana de mi existencia. A veces, cuando levanto la vista para admirarte una vez más, no se si la casualidad o, quiero pensar, un cierto interés por tu parte hacia mi, me veo reflejado en la profundidad de tu mirada y vuelco con ansia esa devoción que fluye de mis pupilas, para tratar de nutrirte con mi amor.

         No me importa en absoluto las diferencias que pudieran poner freno a mi razón para amarte. ¿Qué es la edad? Únicamente el tiempo vivido por cada persona, pero no limita los sentimientos y la intensidad de los mismos. Cada ser humano busca una ilusión, una meta por la que luchar, algo que nos propongamos alcanzar para descubrir la utópica felicidad que tildan de efímera y traicionera, pero que es el componente químico que hace reaccionar a nuestro organismo ante las adversidades que nos va arrojando la propia existencia. Ese componente eres tú, la que me hace dudar de mi cordura a veces, la que me lanzas al pozo de la amargura otras, la que me envuelves con el almíbar de la ternura otras tantas.

         Me obnubilas mis sentidos y pones en marcha el cronómetro de pulsaciones de mi corazón. Aunque te parezca una cursilada, me he atrevido (que osadía) a desarrollar unos malos versos que quieren reflejar lo que siento por ti:

A tu lado creo mi universo
Desde el verano hasta el invierno.
Tengo que contarte, verso a verso,
Que eres para mi cielo e infierno.
        
         Cuanto desearía que no me rechazaras del todo al leer estas líneas; que me dejaras un mínimo resquicio para poder seguir respirando junto a ti. Por eso, te ruego fervientemente que me suspendas este curso, para poder seguir embelesándome con tu presencia el curso que viene.


Rabo de lagartija

El tiempo pasa





                  Un día iniciamos una historia,
                   por mínima que sea,
                   puede que acabe en la gloria
                   o que nunca se posea.

                   Caminante que caminas,
                   tu tiempo se va pasando,
                   y en la soledad opinas,
                   que todo se va olvidando.

                   El tiempo borra las huellas,
                   que quedaron levemente,
                   que corren como centellas
                   por la masa de la mente.

                   Y la soledad recuerda
                   tantos momentos dichosos,
                   otros que huelen a mierda,
                   y otros fueron bochornosos.

                   Los momentos de la vida
                   pasan y no vuelven más,
                  otros dejan una herida
                   que no se cura jamás.

                   Esta vida es un camino
                   que no conoce el final,
                   inmensa como un comino,
                   dura como el pedernal.

                   Un día tocas la gloria,
                   al siguiente todo es fuego,
                   luego, hurgando en la memoria,
                   todo en la vida es un juego.

Trotamundos


El escultor de nubes





¿Quién esculpe las nubes?

¿Quién no se ha fijado alguna vez en las formas caprichosas de las nubes?

Un amanecer de primavera el agricultor se fija en las nubes. Después de observar un momento, piensa que puede llover por la tarde.

A mediodía en la ciudad, sólo los niños se fijan en las nubes y ven formas de animales o lo que la imaginación quiera ver y señalan con el dedo. ¡¡ Mira, mira!! Se dicen unos a otros.

Verdaderamente las nubes se parecen a cosas que te divierte ver: Una sirena, un dinosaurio, una mano, o las puertas del cielo, como me dijo el otro día un niño muy querido por mí.

El atardecer es especial, las nubes cambian de colorido y se vuelven más bonitas aún. Si por la mañana en el cielo limpio ya eran bonitas, en el ocaso es un espectáculo.

Cuando hay un cielo azul, sin nubes, yo pienso: ¿dónde está hoy el escultor de nubes?


Clave de Sol

Crónica de un día triste





Forges ha muerto en Madrid a los 76 años
 La mejor dimensión de su figura es, qué era, cómo dibujaba. Para mí, se lo ha llevado ese llamémosle “virus”, llamado cáncer, que tan común nos es en estos tiempos tan cubiertos de otros “virus” que se contagian a todos y cada uno, según sus vivencias.
 Los dibujantes tan sensibles como él a las muy espurias miserias con que nos asaltan los políticos de turno a los ciudadanos como: corrupciones, choriceos, leyes  “tapabocas”, leyes de “trabajadores” que nos pone a todas/os a pasar hambre…
Para aguantar esas presiones sobre su fino espíritu de hombre libre, y seguir sonriendo como lo hacia él, después de tantos años, tenía que tener esa pequeña lesión que se produce el alma cuando sabes que siempre te engañan, que te mienten descaradamente, y él se defendía  y nos defendía con sus dibujos a veces tan esperpénticos, a veces tan sanos, a veces tan sentimentales… ¿Pero fue suficiente? Forges llevaba 50 años  haciendo de sus muchos miles de viñetas, el día a día de este País imposible, incluidos aquellos primeros, cuando siendo casi un niño, le tocó forjarse en los años del dictador. Porque seguro fueron para Forges una gran prueba, de las que el autor saldría curtido y victorioso. Dispuesto a imprimir mucho de su forma de ser y pensar: simpático, amable y  sugestivo Forges.
 Era un reflejo fino de la sociedad incongruente española, la que se refleja en  Él. Yo que le seguía, notaba esa empatía suya tan amable como entrañable y si le escuchaba hablar, eso me lo confirmaba. Pero ayer y hoy  las gentes que  le conocían y le querían me lo han confirmado.
 Tienes que tener una gran capacidad, de echar balones fuera. Fuera tanta maledicencia, tanta indignidad. No puedes digerir tanta basura sin enfermar. Forges que nos regaló tanto con aquella visión de la vida en sus viñetas, se nos ha ido demasiado pronto. Con él ha muerto uno de nuestros mejores ciudadanos.  
Tan acostumbrados estábamos a él que será inevitable que le echemos de menos.
                                                                                                       QUIRÓN

El viejo y la estrella





            ._ Abuelo, aquella estrella que brilla tanto en el cielo te mira y sonríe…

            Cundo llegaba el verano y con él el tiempo de vacaciones, la familia Estrella organizaba su viaje, como cada año cuando llegaban estas fechas. Unos días irían al pueblo donde los esperaba el abuelo y para finalizar en la playa donde todos disfrutaban de los baños de las aguas del mar.

            El pueblo estaba situado en la ladera de la montaña. En el invierno la nieve lo cubría con su manto blanco  y la primavera lo vestía con sus mejores galas.

            Desde hacía años, la casa del pueblo con la llegada de los más pequeños se llenaba de voces y risas, rompiendo el silencio reinante, mientras que el abuelo, por unos días, dejaba a un lado la soledad en que vivía el resto del tiempo.

            Durante los días que la familia pasaba en el pueblo, se ocupaban de reparar lo que se había deteriorado desde su última visita, y los más pequeños acompañaban al abuelo a dar de comer a los animales, disfrutando con esta tarea, ya que en la ciudad nada de esto podían hacer.

            Llegada  la noche y después de cenar, todos los miembros de la familia salían a la puerta de la casa a tomar el fresco. Durante la velada el abuelo contaba historias que le habían contado sus mayores. Aunque todos ya las conocían, las escuchaban como si fuera por primera vez. Cuando llegó la hora de retirarse para ir a dormir, el abuelo se despidió hasta el día siguiente y se encaminó hasta el camino que pasaba junto a la casa, desapareciendo en la obscuridad de la noche.  Esto sucedía cada noche, lo que despertó la curiosidad de uno de los pequeños, quien en un descuido de los padres, se dirigió hacia el camino por donde se había ido el abuelo. El niño caminaba despacio para que  sus pisadas no le descubrieran. Cuando llegó a un recodo del camino, divisó al abuelo sentado en un pequeño montículo mirando al cielo. El pequeño se quedó quieto pero la voz del abuelo llamándole, le hizo ver que le había descubierto, lentamente se aproximó hasta donde estaba el hombre, quien al tenerle junto a él le sentó a su lado y con el dedo le indicaba donde estaba la  estrella que, con su brillo, sobresalía de las demás y fue entonces, cuando el pequeño le dijo al abuelo:

            ._ Abuelo, aquella estrella que brilla tanto en el cielo te mira y sonríe…

            Años más tarde el niño ya se había convertido en hombre. Cada verano volvía a casa del abuelo, aunque este ya no estaba. Al anochecer iba hasta al lugar donde el abuelo buscaba cada noche su estrella. Ahora mirando al cielo, la estrella ya no estaba sola. Otra estrella brillaba junto a ella y las dos desde arriba le sonreían.


I R I S