domingo, 10 de mayo de 2015

¡Esto no puede seguir así!



          ¿Qué está pasando?. El mundo se ha vuelto loco; la ambición no tiene límites. Con la crisis se está destapando tantos casos de corrupción que esto huele a podrido. Son muchos los casos; la mayoría de personas son cargos relevantes en el gobierno o fuera de él. Están desprestigiando la política; cabe destacar que algunas personas que sacan estos casos a la luz y quieren que se haga justicia, quedan fuera de sus cargos.

           Los corruptos merecen la cárcel ya que han robado de las arcas del estado. ¡Basta ya¡. Tienen que devolver todo lo que se han llevado. Con este dinero. a lo mejor no hacían falta tantos recortes, que por otro lado son despidos, personas que pierden la manera de seguir viviendo dignamente.

          ¿En qué se está convirtiendo este país? En una interminable cola de parados que mendigan un puesto de trabajo que no llega, y que cuando surge no merece la pena, porque han quitado la mayoría de los derechos que hasta hace poco eran legítimos.

           Qué futuro están teniendo la mayoría de los jóvenes, que han estudiado y ahora tienen que irse al extranjero porque aquí no tienen ninguno.  Se ha invertido mucho esfuerzo y dinero por parte de los padres, del estado y de los propios jóvenes, para que ahora se tengan que marchar y el fruto de todo este esfuerzo no sea para nuestro país sino para ese otro que los acoge, es lamentable que esto sea así.


       Belades

Mi mirada particualr





         Me levanto por la mañana y me pongo a desayunar en la cocina. Es la parte de la casa donde estoy más integrada al bullicio de la calle, debido a su ventana. Me siento cono si estuviera en un mirador, y desde ahí, contemplo lo que me ofrece el nuevo día. Parece increíble ver, en tan poco espacio, gente con comportamientos tan distintos. Mientras el vecino del 1º A sale conjuntado, con su traje, camisa y corbata haciendo juego, y se sube a su coche último modelo, contrasta ver a una señora revolviendo el cubo de la basura, mirando a ver si encuentra algo que pueda aprovechar.

         También veo desde mi mirador imaginario un colegio de niños pequeños. Llegan hasta mí sus infantiles voces, haciéndome recordar épocas lejanas donde fui feliz, donde todo era inocencia, sin ninguna contaminación que nos manchara, transmitiendo esa alegría que sólo los niños saben contagiar.

         Sigo observando y me fijo que hay un parque pequeñito, con sus columpios en el que los niños se suben, mientras los esforzados abuelos tratan de darles alcance, para ver si están seguros. Y gozan con sus risas y travesuras, aunque a veces se sientan cansados. Porque ellos ya no están para esos trotes, pero el cariño que sienten por sus nietos les hace realizarse y conseguir recordar sus juegos de niños, y compartirlos con ellos.

         También hay una guardería debajo de mi terraza, y me fijo en las prisas de los padres llevando a sus hijos en brazos, o sacándolos del coche, abrochándoles el abriguito según entran al colegio, sin poder entretenerse porque llegan tarde al trabajo.

         Y sigo mirando desde mi particular mirador y contemplo las terrazas de mis vecinos, quedándome admirada al ver esas macetas tan cuidadas y tan llenas de colorido, recordándome, de alguna forma, las calles de Córdoba, con esa maravilla de patios, que te quedas extasiado  mirándolos.

         Y alrededor de todo esto, gente que va y viene, ensimismada en sus pensamientos, en sus problemas cotidianos, que no pueden ver lo que yo miro desde mi particular mirador.


Blanca

lunes, 4 de mayo de 2015

La duda





Una tarde sentada en mis pies estaba la duda.  Era persistente, no entendía su idioma. Unas veces creía que podríamos hablar, y cuando me lanzaba, ella, LA DUDA, se enroscaba como cualquier reptil que tiene miedo a ser captada y espera que el depredador se aleje.

            No dejaba que se moviesen los pies, se pensó que era la dueña de todo el equilibrio que el cuerpo necesita.

            ¡OH¡ sombra ignorante, no te creas que puedes con todo, poco a poco entenderé tu idioma y si no quieres hablar, ya me encargo yo de  hablar por las dos; no te gustará estar pendiente de lo que hago contigo, te marcharás y verás como  te desintegras, entonces mis pies serán libres y disfrutarán de estar sin ti. Saltarán de alegría en el andar de cada día y jugueteando con todas las areniscas que se encuentren.

            Estoy segura que las próximas dudas que vengan con interés de posarse a mi lado serán diferentes.  Una duda que me puede surgir……comprarme un vestido, verde o rojo, largo o corto, cambiar de diseño el baño,  o con lo que me pueda  gastar en la obra  hacer un viaje lejos y disfrutarlo sin miedo a ninguna sombra.
                       

Virpana

Me compraré una tarde





Será una tarde ancha y larga

Donde quepa mi vida

Será una tarde que llene mis

Huecos vacíos

Será mi tarde.

Será tu tarde y mi tarde

Donde  quepan los deseos.

No compraré una tarde cualquiera,

Será una tarde de barro moldeable.

Para que no se agriete.

Será simplemente mi tarde.



                                       VIRPANA

viernes, 1 de mayo de 2015

Diálogos caninos




                Guau, ¿cómo te llamas?

Guau, me llamo Pit, ¿y tú?

Ahora me llamo Moro, pero antes me llamaba Dandy.
  
¿Y cómo es que tienes dos nombres?

Primero tuve unos amos que me cogieron desde pequeñito. Eran jóvenes y tenían dos niños. Los pequeños me trataban como un juguete de peluche. Se montaban encima, me tiraban de las orejas, del rabo y me hacían perrerías. Me tenían mucho tiempo en casa sólo, hasta que volvían de sus quehaceres. A menudo los oía regañar entre ellos y ninguno quería sacarme a la calle. Me pegaban y me castigaban porque me hacía las necesidades en casa. Un  verano, se fueron todos, cada uno por un lado, y yo debía ser un estorbo para ellos y me dejaron abandonado en un parque, lejos de la casa, sin collar y me arrancaron el chip de la oreja. Me recogieron unos señores y me llevaron a un sitio donde había más perros sin dueño. Me pasé un tiempo hasta que un día vino un matrimonio ya maduro, me sonrieron y me hablaron y me llevaron con ellos a su casa y me empezaron a llamar Moro. No me quejo, me tratan bien aunque me dan poco de comer para que no engorde. Me sacan tres veces al parque y, en cuanto hago lo mío, me vuelven a llevar a casa. Me compran juguetes para que me entretenga y, a veces vienen visitas que quieren que haga cosas que no me han enseñado. ¿Y tú?

Yo vivo con mis amos, que ya son mayores, y cinco hijos adolescentes. Depende quien me saca, estoy más tiempo o menos en el parque. Cuando me sacan los chicos, depende, si hay otros perros con amas estamos más tiempo, si no, hago las cosas y como a ti, corriendo para casa. Yo me hago el remolón y, aunque tenga ganas, me las aguanto lo más posible para estar corriendo o jugando con otros perros más rato. ¿Qué tal te relacionas con las perritas?

Mal, son todas unas señoritas mohínas y altaneras que, o están esperando al príncipe azul, o están esterilizadas, o tienen unas amas que en cuento te arrimas un poco, ya te están gritando y espantando. Nada chico, soltero y entero, ¿y tú qué? ¿Has tenido más suerte?

Una vez tuve una mala experiencia con una perrita que estaba contenta cuando me acercaba a ella. En un descuido y con su consentimiento, la monté, pero al momento estaba recibiendo unos palos en la espalda, que me dejaron baldado durante varios días. Desde entonces paso de carantoñas. Me conformo con soñar momentos de sexo con alguna. Ya me está mirando mi dueño para ver si termino de hacer mis cosas. ¿Nos damos unas carreras?

Vale. A ver quien llega antes a aquél árbol y vuelve aquí.

Guau.

Guau.

Rabo de lagartija

Cambiemos





Buscando la Utopía. Eliminando privilegios.
No al pensamiento único.
No al Dios fanático y justiciero.
No al derecho de veto.
No al poder militar.
No al poder del dinero universal.

Si, a la equidad de un maná colectivo de elemental necesidad.
Dando la mano al hermano para apoyarle en su  desmayo.

Que la justicia  se haga brillante como la luz solar.
Que se pudra el alma del que no la sienta sufrir.
Que se deshaga en llanto aquel que causa dolor.
Que los ruines y mezquinos se arruinen en su mezquindad.

Que vuele como los pájaros aquél que vierta su amor.
Que cubran sus sueños alas azules de tul.
Que como las madres amantes vuelquen su amor porque si.
Que naciendo todos iguales se haga la igualdad.

Que siendo infinitas las victimas, los verdugos queden atrás.
Que habiendo manos tendidas, las manos se enlacen ya.
Que las hembras de la humanidad sean respetadas por los machos,
como manda la Ley Natural y la de la igualdad.
Que los niños felices sobre la tierra  puedan jugar.
Que la Tierra nos avisa, ¡cambiad ya!

Para que los arroyos susurren mientras a los ríos van,
y los árboles se acerquen a las nubes a mirar.
Que somos muchos los avisados, nadie lo puede negar.
Que el oro en oro, nos puede enterrar.

Prefiero  la utopía a la fea realidad.
Prefiero un mundo que invierte en educar,
que  aquel que se lo gasta en armas para matar.
Prefiero paraíso pagano, al asfixiante fanático y tenaz.
Prefiero la esperanzada sonrisa, al pesimista parecer feliz.


QUIRÓN

A las diez en casa





Mientras la esperaban sus amigas, terminó de arreglarse. Un suave toque de brillo en los labios, un poco de color en sus  mejillas, y una delicada sombra de ojos en los párpados. Se puso los zapatos de tacón, se despidió de sus padres con un beso y dijo con sorna: “Sí, ya lo sé, a las diez en casa”.

Salieron a la calle, como libres mariposas  dispuestas  a saborear el néctar que para ellas era la tarde del domingo. Se veía guapísima. La noche anterior, como todas las noches de los sábados, se había almidonado el cancán  para que su vestido luciera más vaporoso. La mañana del domingo, después de ayudar en las tareas de la casa, se había lavado el pelo y colocado los rulos para que su peinado resultara perfecto. En fin, estaba orgullosa de su aspecto.

Caminó junto a sus amigas contenta y alegre imaginando cómo iba a ser esa tarde de domingo. Llegarían al guateque dispuestas a dejarse los pies en la pista. Siempre tenía  a su alrededor  varios jóvenes esperando impacientes, para que les concediera un baile. No se perdía nunca ni una pieza.  Adamo, Paúl Anka, El dúo Dinámico, Elvis Presley, todos le gustaban. Daba lo mismo el disco que sonara, lo importante era bailar, liberar endorfinas que tan bien la hacían sentirse.

Llegaron a su destino. El local estaba adornado con cadenetas. Celebraban el cumpleaños de un chico nuevo que se había incorporado al grupo. Se hicieron las presentaciones y los ojos de ambos se encontraron como si un imán los atrajera. Él la invitó a bailar, y durante toda la tarde se hicieron dueños de la pista. La joven   estaba feliz,  hacía mucho que no lo pasaba  tan bién y es que, era tan guapo y tan galante…

Hablaron, rieron, se hicieron confidencias. Al cabo de unas horas parecía que se conocieran de toda la vida. Él se deshacía en halagos para con ella, que no paraba de reír mientras que su acompañante le recitaba dramáticamente unos versos del tenorio.

De repente la voz  de una de sus amigas le bajó de las nubes: “María, son las nueve y media”. Como si de Cenicienta se tratara, se soltó de los brazos de su pareja y le dijo: “Lo siento tengo que estar en casa a las diez”. “¿Quieres que te acompañe?”, preguntó él. “Encantada”, contestó ella.

Había pasado la tarde del domingo en un abrir y cerrar de ojos. Caminaron de regreso a casa haciendo planes para verse el domingo siguiente. Se despidieron con un apretón de manos  que significaba la promesa de una nueva cita pendiente. Ambos notaron en el contacto de su piel  un aviso de que algo hermoso había nacido entre ellos.

 ¡Qué bien lo había pasado! El próximo domingo volvería a verle, sólo faltaban siete días para el feliz encuentro. Con esa esperanza entró en su casa, besó a sus padres y les dijo “he sido puntual como siempre”. En la radio se escuchaba el inicio del parte de las diez: “Gloriosos caídos por Dios y por España. Presentes. ¡Viva Franco! ¡Arriba España!”.



Luna