lunes, 4 de mayo de 2015

La duda





Una tarde sentada en mis pies estaba la duda.  Era persistente, no entendía su idioma. Unas veces creía que podríamos hablar, y cuando me lanzaba, ella, LA DUDA, se enroscaba como cualquier reptil que tiene miedo a ser captada y espera que el depredador se aleje.

            No dejaba que se moviesen los pies, se pensó que era la dueña de todo el equilibrio que el cuerpo necesita.

            ¡OH¡ sombra ignorante, no te creas que puedes con todo, poco a poco entenderé tu idioma y si no quieres hablar, ya me encargo yo de  hablar por las dos; no te gustará estar pendiente de lo que hago contigo, te marcharás y verás como  te desintegras, entonces mis pies serán libres y disfrutarán de estar sin ti. Saltarán de alegría en el andar de cada día y jugueteando con todas las areniscas que se encuentren.

            Estoy segura que las próximas dudas que vengan con interés de posarse a mi lado serán diferentes.  Una duda que me puede surgir……comprarme un vestido, verde o rojo, largo o corto, cambiar de diseño el baño,  o con lo que me pueda  gastar en la obra  hacer un viaje lejos y disfrutarlo sin miedo a ninguna sombra.
                       

Virpana

Me compraré una tarde





Será una tarde ancha y larga

Donde quepa mi vida

Será una tarde que llene mis

Huecos vacíos

Será mi tarde.

Será tu tarde y mi tarde

Donde  quepan los deseos.

No compraré una tarde cualquiera,

Será una tarde de barro moldeable.

Para que no se agriete.

Será simplemente mi tarde.



                                       VIRPANA

viernes, 1 de mayo de 2015

Diálogos caninos




                Guau, ¿cómo te llamas?

Guau, me llamo Pit, ¿y tú?

Ahora me llamo Moro, pero antes me llamaba Dandy.
  
¿Y cómo es que tienes dos nombres?

Primero tuve unos amos que me cogieron desde pequeñito. Eran jóvenes y tenían dos niños. Los pequeños me trataban como un juguete de peluche. Se montaban encima, me tiraban de las orejas, del rabo y me hacían perrerías. Me tenían mucho tiempo en casa sólo, hasta que volvían de sus quehaceres. A menudo los oía regañar entre ellos y ninguno quería sacarme a la calle. Me pegaban y me castigaban porque me hacía las necesidades en casa. Un  verano, se fueron todos, cada uno por un lado, y yo debía ser un estorbo para ellos y me dejaron abandonado en un parque, lejos de la casa, sin collar y me arrancaron el chip de la oreja. Me recogieron unos señores y me llevaron a un sitio donde había más perros sin dueño. Me pasé un tiempo hasta que un día vino un matrimonio ya maduro, me sonrieron y me hablaron y me llevaron con ellos a su casa y me empezaron a llamar Moro. No me quejo, me tratan bien aunque me dan poco de comer para que no engorde. Me sacan tres veces al parque y, en cuanto hago lo mío, me vuelven a llevar a casa. Me compran juguetes para que me entretenga y, a veces vienen visitas que quieren que haga cosas que no me han enseñado. ¿Y tú?

Yo vivo con mis amos, que ya son mayores, y cinco hijos adolescentes. Depende quien me saca, estoy más tiempo o menos en el parque. Cuando me sacan los chicos, depende, si hay otros perros con amas estamos más tiempo, si no, hago las cosas y como a ti, corriendo para casa. Yo me hago el remolón y, aunque tenga ganas, me las aguanto lo más posible para estar corriendo o jugando con otros perros más rato. ¿Qué tal te relacionas con las perritas?

Mal, son todas unas señoritas mohínas y altaneras que, o están esperando al príncipe azul, o están esterilizadas, o tienen unas amas que en cuento te arrimas un poco, ya te están gritando y espantando. Nada chico, soltero y entero, ¿y tú qué? ¿Has tenido más suerte?

Una vez tuve una mala experiencia con una perrita que estaba contenta cuando me acercaba a ella. En un descuido y con su consentimiento, la monté, pero al momento estaba recibiendo unos palos en la espalda, que me dejaron baldado durante varios días. Desde entonces paso de carantoñas. Me conformo con soñar momentos de sexo con alguna. Ya me está mirando mi dueño para ver si termino de hacer mis cosas. ¿Nos damos unas carreras?

Vale. A ver quien llega antes a aquél árbol y vuelve aquí.

Guau.

Guau.

Rabo de lagartija

Cambiemos





Buscando la Utopía. Eliminando privilegios.
No al pensamiento único.
No al Dios fanático y justiciero.
No al derecho de veto.
No al poder militar.
No al poder del dinero universal.

Si, a la equidad de un maná colectivo de elemental necesidad.
Dando la mano al hermano para apoyarle en su  desmayo.

Que la justicia  se haga brillante como la luz solar.
Que se pudra el alma del que no la sienta sufrir.
Que se deshaga en llanto aquel que causa dolor.
Que los ruines y mezquinos se arruinen en su mezquindad.

Que vuele como los pájaros aquél que vierta su amor.
Que cubran sus sueños alas azules de tul.
Que como las madres amantes vuelquen su amor porque si.
Que naciendo todos iguales se haga la igualdad.

Que siendo infinitas las victimas, los verdugos queden atrás.
Que habiendo manos tendidas, las manos se enlacen ya.
Que las hembras de la humanidad sean respetadas por los machos,
como manda la Ley Natural y la de la igualdad.
Que los niños felices sobre la tierra  puedan jugar.
Que la Tierra nos avisa, ¡cambiad ya!

Para que los arroyos susurren mientras a los ríos van,
y los árboles se acerquen a las nubes a mirar.
Que somos muchos los avisados, nadie lo puede negar.
Que el oro en oro, nos puede enterrar.

Prefiero  la utopía a la fea realidad.
Prefiero un mundo que invierte en educar,
que  aquel que se lo gasta en armas para matar.
Prefiero paraíso pagano, al asfixiante fanático y tenaz.
Prefiero la esperanzada sonrisa, al pesimista parecer feliz.


QUIRÓN

A las diez en casa





Mientras la esperaban sus amigas, terminó de arreglarse. Un suave toque de brillo en los labios, un poco de color en sus  mejillas, y una delicada sombra de ojos en los párpados. Se puso los zapatos de tacón, se despidió de sus padres con un beso y dijo con sorna: “Sí, ya lo sé, a las diez en casa”.

Salieron a la calle, como libres mariposas  dispuestas  a saborear el néctar que para ellas era la tarde del domingo. Se veía guapísima. La noche anterior, como todas las noches de los sábados, se había almidonado el cancán  para que su vestido luciera más vaporoso. La mañana del domingo, después de ayudar en las tareas de la casa, se había lavado el pelo y colocado los rulos para que su peinado resultara perfecto. En fin, estaba orgullosa de su aspecto.

Caminó junto a sus amigas contenta y alegre imaginando cómo iba a ser esa tarde de domingo. Llegarían al guateque dispuestas a dejarse los pies en la pista. Siempre tenía  a su alrededor  varios jóvenes esperando impacientes, para que les concediera un baile. No se perdía nunca ni una pieza.  Adamo, Paúl Anka, El dúo Dinámico, Elvis Presley, todos le gustaban. Daba lo mismo el disco que sonara, lo importante era bailar, liberar endorfinas que tan bien la hacían sentirse.

Llegaron a su destino. El local estaba adornado con cadenetas. Celebraban el cumpleaños de un chico nuevo que se había incorporado al grupo. Se hicieron las presentaciones y los ojos de ambos se encontraron como si un imán los atrajera. Él la invitó a bailar, y durante toda la tarde se hicieron dueños de la pista. La joven   estaba feliz,  hacía mucho que no lo pasaba  tan bién y es que, era tan guapo y tan galante…

Hablaron, rieron, se hicieron confidencias. Al cabo de unas horas parecía que se conocieran de toda la vida. Él se deshacía en halagos para con ella, que no paraba de reír mientras que su acompañante le recitaba dramáticamente unos versos del tenorio.

De repente la voz  de una de sus amigas le bajó de las nubes: “María, son las nueve y media”. Como si de Cenicienta se tratara, se soltó de los brazos de su pareja y le dijo: “Lo siento tengo que estar en casa a las diez”. “¿Quieres que te acompañe?”, preguntó él. “Encantada”, contestó ella.

Había pasado la tarde del domingo en un abrir y cerrar de ojos. Caminaron de regreso a casa haciendo planes para verse el domingo siguiente. Se despidieron con un apretón de manos  que significaba la promesa de una nueva cita pendiente. Ambos notaron en el contacto de su piel  un aviso de que algo hermoso había nacido entre ellos.

 ¡Qué bien lo había pasado! El próximo domingo volvería a verle, sólo faltaban siete días para el feliz encuentro. Con esa esperanza entró en su casa, besó a sus padres y les dijo “he sido puntual como siempre”. En la radio se escuchaba el inicio del parte de las diez: “Gloriosos caídos por Dios y por España. Presentes. ¡Viva Franco! ¡Arriba España!”.



Luna



La bombonera





         Durante toda la semana los medios de comunicación anunciaban la apertura de un nuevo centro comercial. Según la propaganda de los promotores, el nuevo centro que abría sus puertas, no sólo contaría con las tiendas de siempre, si no que lo habían dotado también de zonas de ocio, donde dejar volar la imaginación en apasionantes aventuras para toda la familia, y cuyo objetivo era que todos pasaran un día inolvidable.

         Atraídos por este reclamo, y no teniendo nada programado para el fin de semana, decidimos toda la familia ir y comprobar si era cierto todo lo que se ofrecía en la propaganda. Después del desayuno cada uno se preparó su mochila, y cuando todo estuvo listo, salimos de casa con dirección a donde estaba aparcado el coche, y una vez allí nos acomodarnos cada uno en su asiento, dejando a la abuela conmigo en la parte delantera, para salvarla de las posibles travesuras de los niños durante el viaje. Una vez que estuvo todo listo, emprendimos la marcha.

         El recorrido transcurría sin incidentes. Todos íbamos atentos para no pasarnos de la salida que debíamos tomar, y enlazar con el desvío que marcaba la flecha para llegar al nuevo centro. Después de recorrer varios kilómetros, llegamos al punto que indicaba el cartel anunciador, y tomamos el nuevo camino. Apenas habíamos recorrido unos metros cuando nos vimos atrapados en una caravana de coches, que no tenía fin. El tiempo transcurría y apenas avanzábamos. Los nervios empezaron a aflorar dentro del vehículo, y los más pequeños empezaron a pedir ir al baño. Como pude, convencí a los niños diciéndoles que ya estábamos cerca.

         Mientras el coche proseguía su marcha, empecé a preguntarme si merecería la pena pasar aquel Vía Crucis, con lo que íbamos a encontrar allí dentro.

         Cuando los nervios nuevamente amenazaban con salir a flote, apareció frente a nosotros el centro comercial, y el motín a bordo se convirtió en un suspiro de alivio.

         Los organizadores del evento habían cubierto toda la construcción con papel de brillantes colorines, dándole la apariencia de una gran bombonera, con un gran lazo que animaba a tirar de él, y dejar al descubierto los bombones imaginarios que llenaban su interior.

         Cuando por fin dejamos aparcado el coche, no sin dificultad pues los aparcamientos estaban a tope, nos encaminamos hacia la entrada dispuestos a descubrir el interior de la bombonera.


Iris



Las flechas de Cupido





                Aquella tarde se volvió un sueño,
                fue mover la vista y surgió,
                como si fuera un milagro,
                pero era real, estaba allí.
               
Intentaba andar y las piernas no se movían,
quise hablar y no salían las palabras,
pretendí mover la cabeza,
pero la vista estaba clavada en ella,
quedé petrificado ante sus ojos.

No pude saber el tiempo que pasó,
cuando recobré la razón,
mis pasos no eran firmes,
pero comencé a acercarme.

Le tendí la mano temblorosa,
ella temblaba también,
las palabras no salían de nuestras bocas,
pero comenzamos a caminar juntos.

Poco a poco se pasó la timidez,
las palabras afloraron,
y entre risas y miradas se borraron las nubes,
que unos minutos antes,
nos dejaron aturdidos por un tiempo.


Trotamundos