Al amanecer se descubren cosas nuevas.
María había salido a cenar con su grupo de amigos, sin
prisa, para contarse sus cosas. Algunos
amigos después de una sobremesa larga se fueron a sus casas alegando multitud
de cosas, María y otros amigos se fueron a un lugar a tomar unas copas y a
bailar un rato, la música era buena y se les paso el tiempo rápido, Así que
cuando salieron, fuera amanecía.
A María le hizo
gracia el contraste, la mayoría de la gente con la que se cruzaba iba con prisa
al trabajo, en cambio ella, iba para su cama con toda la tranquilidad que su
cuerpo le permitía.
La sorprendió el juego de colores del amanecer y se
dio cuenta que la gente no miraba a un cielo que por el Oeste era noche cerrada
y por el Este clareaba, despuntando los primeros rayos de sol.
María descubrió que se sentía sola, había estado muy
bien con sus amigos pero en casa no la esperaba nadie. Se paró en una
marquesina a ver bien ese cielo que le hacía sentirse rara. Se dio cuenta que
la gente iba cabizbaja, mirando la pantalla del móvil y perdiéndose el increíble
espectáculo que había sobre sus cabezas. Una pena, pensó, pues para ella las
pequeñas cosas eran las más divertidas y fácil de disfrutar.
Ese amanecer María descubrió lo que debía cambiar en
su vida.
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