El
tren entró lentamente en la estación. Los pasajeros que aguardaban en el arden
comenzaron a subir al convoy cuando este abrió sus puertas y fueron ocupando
los asientos libres que aún quedaban. Después de comprobar que ya no quedaba
nadie por subir, reanudó la marcha.
Sentada
en el asiento junto a la ventanilla María observaba el paisaje que se ofrecía a
través del cristal, el cielo azul ausente de nubes, los árboles desnudos y a lo
lejos, el manto contaminante que caía sobre la ciudad.
El
tren continuaba la marcha y la mujer aun con la mirada perdida en el horizonte
se entregó a sus pensamientos. De pronto el sonido de unas notas musicales hizo romper el hilo de sus pensamientos y
quiso descubrir de donde procedía. No tardó en descubrir al hombre que tocaba
una balada con el instrumento usado en la música andina, haciendo que su sonido
llegara hasta los más profundo de los sentidos-
Durante
el tiempo que duró la música, María se entretuvo en seguir con ella las
imágenes que veía a través de los cristales, ahora éstas tomaban nuevas formas
al ritmo de la melodía, haciéndolas flotar como bailarinas,
acompañando a las notas musicales.
El
trayecto llegó a su final. La música cesó. Las puertas se abrieron y los
pasajeros abandonaron la estación, pero
en la mente de María aun sonaba la música del interior del tren.
I R I S
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